Los argentinos comen menos, comparten platos y fotografían la comida antes del primer bocado

Cuatro reconocidos chefs porteños describen cómo cambiaron los hábitos de los comensales: porciones más controladas, mayor atención a los precios y elecciones condicionadas por las redes sociales. La situación económica impulsa a compartir entradas y postres, mientras crece la búsqueda de opciones saludables y promociones para salir a comer sin gastar de más.

La experiencia de ir a un restaurante cambió. El contexto económico, la preocupación por la alimentación y el protagonismo de los celulares modificaron las decisiones de los clientes, desde la elección del lugar hasta el momento de pedir la cuenta. Así lo observan Dante Liporace, Germán Sitz, Narda Lepes y Leo Lanussol, chefs de reconocidos restaurantes de Buenos Aires.

“Los argentinos comemos mucho menos que antes”, sostiene Liporace, quien trabaja en Mercado de Liniers y en los rooftops Trade Sky Bar y Trade Sky Club. Según explica, el fenómeno atraviesa distintas generaciones: mientras los adultos buscan cuidarse más, los jóvenes también muestran una mayor conciencia sobre cuánto comen.

Sitz, responsable de Niño Gordo, La Carnicería y José el Carnicero, advierte que la abundancia dejó de ser necesariamente sinónimo de valor. Observa porciones más controladas y mayor atención a los ingredientes, las frituras y las preparaciones consideradas pesadas. En Narda Comedor y Kõnã Corner, Lepes detecta una preferencia marcada por las proteínas, especialmente la carne y el pollo, mientras que Lanussol, de Ness, señala que los platos tienden a combinar una proteína con una guarnición.

La caída del consumo también alcanza a las bebidas alcohólicas. Liporace afirma que pedir una segunda botella de vino es menos habitual. Según el Instituto Nacional de Vitivinicultura, el consumo por habitante en la Argentina cayó un 32% en diez años: pasó de casi 24 litros anuales en 2015 a 16,1 litros en 2025.

Para cuidar el presupuesto, compartir se volvió una estrategia frecuente. Liporace cuenta que algunos clientes dividen la entrada, el plato principal y el postre, una tendencia que llevó a ciertos restaurantes a abandonar los menús de degustación y priorizar las opciones a la carta. Lepes también observa que se comparte más la entrada y el postre, mientras que el plato principal es el que más se omite.

Los menús ejecutivos y las promociones ganaron terreno porque permiten conocer de antemano cuánto se gastará. Sitz explica que los clientes analizan cada vez más si la experiencia justifica el precio: no alcanza con pagar menos, sino que buscan una buena relación entre comida, atención y servicio.

Las redes sociales completan la transformación. Instagram influye en la elección del restaurante y del plato, las reservas se hacen por WhatsApp y los códigos QR reemplazan muchas cartas impresas. Algunos clientes llegan sabiendo qué pedir porque vieron una preparación en internet, mientras que otros eligen lugares por su potencial visual. Como resume Lepes, hay quienes hacen fila para probar un plato viral y quienes simplemente buscan comer rico.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *