Echan a Neiffert pero persisten los problemas operativos en la SIDE: denuncian espionaje interno

La salida de Neiffert de la SIDE no solucionó los conflictos operativos que atraviesa el organismo desde su partición en 2024. Fuentes internas admiten que persisten trabas funcionales, descoordinación institucional y un clima de desconfianza que afecta tareas sensibles.
La división de la estructura, impulsada con el objetivo de modernizar criterios de inteligencia, terminó generando superposición de roles, disputas de jurisdicción y áreas con competencias difusas. El resultado, según fuentes, es una burocracia lenta que entorpece misiones que requieren precisión y secreto.
Uno de los aspectos más preocupantes es la falta de articulación entre equipos. Informes de campo demoran en ser canalizados y no existen procedimientos claros para revisión y aprobación operativa. Esto afecta investigaciones activas y compromete niveles de seguridad.
El clima interno es aún más conflictivo. Personas con conocimiento de la dinámica señalan que “se espían entre ellos”. Ese dicho describe no solo la desconfianza personal, sino también la desorganización institucional: áreas que se investigan entre sí, sin coordinación superior.
La salida de Neiffert fue interpretada como intento de normalización, pero la crisis ha demostrado raíces estructurales. Los especialistas señalan que la inteligencia requiere liderazgo, reglas claras y unidad de información, condiciones que hoy no están garantizadas.
Además, el organismo enfrenta dilemas de tecnología y capacitación, factores claves en un contexto global donde la inteligencia digital es central.
La SIDE atraviesa así uno de sus momentos más delicados. El desafío no es reemplazar nombres, sino reconstruir una estructura que funcione. Sin eso, la capacidad del Estado para prevenir amenazas y custodiar información seguirá deteriorada.
