Liberación en las sombras: La AFA destrabó el caso Nahuel Gallo y dejó al Gobierno al margen

Tras más de dos años detenido ilegalmente en Venezuela, el gendarme argentino recuperó la libertad en una operación política y diplomática paralela. El régimen chavista evitó entregarlo a Javier Milei y selló la salida con dirigentes del fútbol y actores no oficiales.

Nahuel Gallo aterrizó en Buenos Aires en la madrugada del domingo después de haber pasado dos años y casi tres meses preso en Venezuela. Su liberación no fue el resultado de una negociación directa entre Estados sino de un entramado alternativo que dejó expuesto al Gobierno argentino. Caracas rechazó entregarlo a la administración de Javier Milei y optó por canalizar el acuerdo a través de la Asociación del Fútbol Argentino, ex funcionarios kirchneristas y contactos informales.

Las señales del régimen liderado por Delcy Rodríguez comenzaron a aparecer semanas atrás. Sin embargo, el chavismo descartó cualquier foto con Cancillería: ni Milei ni el canciller Pablo Quirno fueron interlocutores válidos. La vía elegida fue la diplomacia paralela, con fuerte protagonismo del presidente de la AFA, Claudio Chiqui Tapia, amigo personal del titular del fútbol venezolano, Jorge Giménez.

El operativo tomó forma cuando se descartó un vuelo comercial por razones de seguridad y también un avión oficial venezolano, ante el temor de un embargo. La solución fue un Lear Jet privado, habitualmente utilizado por dirigentes de la AFA, que viajó a Caracas y regresó con Gallo. La propia AFA anunció la liberación con una foto junto a funcionarios de su estructura, antes incluso de cualquier comunicación oficial del Estado argentino.

En paralelo, jugaron un rol clave la diputada Marcela Pagano, el ex embajador Oscar Laborde y contactos jurídicos vinculados al chavismo. Según esos canales, en Caracas afirmaban no haber recibido pedidos formales de la Casa Rosada por el gendarme, algo que el Gobierno niega.

Recién después del anuncio de la AFA, Cancillería difundió un comunicado agradeciendo la mediación de Estados Unidos e Italia. La secuencia dejó un dato político central: Nahuel Gallo fue liberado, pero el Estado argentino quedó relegado, mientras el fútbol volvió a demostrar su peso como actor de poder informal en la región.

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