Trump intervino ante la FIFA y desató una crisis por la habilitación de un jugador de Estados Unidos

La decisión del organismo de suspender la sanción contra Folarin Balogun, tras un pedido del presidente estadounidense, generó fuertes críticas de la UEFA y cuestionamientos sobre la independencia del fútbol internacional. La FIFA negó presiones políticas y defendió la autonomía de sus órganos disciplinarios.

La Copa del Mundo quedó envuelta en una fuerte controversia luego de que la FIFA habilitara al delantero estadounidense Folarin Balogun para disputar los octavos de final contra Bélgica, pese a la tarjeta roja que había recibido en el partido anterior. La decisión fue tomada después de que Donald Trump reconociera públicamente que había llamado al presidente de la entidad, Gianni Infantino, para solicitar una revisión de la sanción.

El episodio provocó una reacción inmediata de la UEFA, que calificó la medida como “inaudita, incomprensible e injustificable”. La organización europea sostuvo que la aplicación uniforme de las reglas es un principio fundamental del deporte y advirtió que excepciones de este tipo pueden afectar la credibilidad de las competiciones.

Balogun había sido expulsado el 1° de julio durante la victoria de Estados Unidos sobre Bosnia y Herzegovina por 2-0. El árbitro brasileño Raphael Claus le mostró la tarjeta roja por una acción en la que pisó el tobillo del defensor Tarik Muharemovic. La sanción automática lo dejaba afuera del duelo ante Bélgica.

Sin embargo, la Comisión Disciplinaria de la FIFA confirmó la expulsión, pero decidió suspender temporalmente sus efectos durante un período de prueba de un año. De esta manera, el atacante quedó disponible para el entrenador Mauricio Pochettino, aunque finalmente Estados Unidos cayó 4-1 y quedó eliminado del torneo.

Trump celebró la resolución en sus redes sociales y aseguró que la FIFA había “hecho lo correcto” al revertir lo que consideró una injusticia. Luego confirmó que había hablado con Infantino y cuestionó al árbitro: afirmó que la jugada “no fue falta” y calificó la decisión como “sospechosa”.

La polémica aumentó por la estrecha relación entre Trump e Infantino. En los últimos años, el dirigente de la FIFA visitó varias veces la Casa Blanca, acompañó actividades oficiales del mandatario y hasta le entregó un reconocimiento creado especialmente para él.

Frente a las críticas, Infantino aseguró que la llamada existió, pero negó cualquier tipo de intervención política. Explicó que simplemente informó al presidente estadounidense que había un proceso legal en curso y que la decisión final correspondía a organismos independientes de la FIFA.

La Federación Belga de Fútbol también intentó frenar la habilitación del jugador mediante una apelación, pero el recurso fue rechazado. La FIFA argumentó que Bélgica no tenía legitimidad para intervenir porque no había formado parte del expediente disciplinario original.

Desde el organismo internacional defendieron que la sanción no fue eliminada, sino que sus efectos fueron suspendidos mediante una herramienta prevista en el reglamento. El presidente del Comité Disciplinario afirmó que este tipo de revisiones existen en otras competiciones y que la medida aplicada a Balogun estaba dentro del marco normativo.

Las sospechas sobre una posible presión política crecieron luego de informes periodísticos que revelaron gestiones realizadas por funcionarios estadounidenses y dirigentes del fútbol para intentar revertir la suspensión. Según esas investigaciones, la estrategia comenzó apenas minutos después de la expulsión y llegó hasta contactos con autoridades de la FIFA.

El caso abrió un debate global sobre los límites entre política y deporte. Mientras Trump defendió su intervención como una defensa del espectáculo y del derecho de los aficionados a ver a los mejores jugadores, sus críticos sostienen que la presión de un jefe de Estado sobre una organización deportiva puede poner en riesgo la igualdad de condiciones entre selecciones.

La controversia dejó una marca en la etapa decisiva del Mundial y colocó nuevamente bajo la lupa la relación entre el poder político y las instituciones deportivas internacionales.

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