La sequía y las olas de calor golpean al campo francés y amenazan la producción de alimentos
Francia atraviesa una crisis agrícola de magnitud excepcional después de registrar su julio más caluroso y seco desde que comenzaron las mediciones. Las pérdidas en frutas y hortalizas llegan hasta el 70% en algunos cultivos y los productores reclaman asistencia urgente al Gobierno y a la Unión Europea.

El campo francés enfrenta una de las peores crisis de las últimas décadas como consecuencia de una combinación extrema de sequía y temperaturas superiores a los 40 grados. La situación afecta a prácticamente todas las actividades productivas, desde la agricultura y la ganadería hasta la vitivinicultura, y genera preocupación por el abastecimiento de alimentos.
El impacto resulta visible en buena parte del territorio. Los campos aparecen secos y amarillentos, los árboles muestran hojas marchitas y numerosos cursos de agua presentan niveles excepcionalmente bajos. La falta de humedad llegó a tal punto que, si finalmente se producen lluvias intensas, el suelo podría no absorber el agua y aumentar el riesgo de inundaciones.
Météo-France confirmó que julio de 2026 fue el mes más cálido y seco desde el inicio de los registros en 1900. Los especialistas advierten además que el suelo presenta niveles de sequedad incluso superiores a los registrados durante los episodios de 2022 y 2025.
La situación golpea especialmente a los productores de frutas y hortalizas. Las primeras estimaciones calculan pérdidas de entre el 30% y el 70% en determinados cultivos. Trigo, maíz, papas, legumbres, frutas y vides se encuentran entre las producciones afectadas.
El problema también alcanza al sector ganadero. La combinación de temperaturas extremas y falta de agua destruyó buena parte de los pastizales utilizados para alimentar al ganado. Las organizaciones de productores de carne vacuna, lácteos, ovinos y caprinos reclamaron al Gobierno francés medidas extraordinarias frente a lo que calificaron como un fenómeno histórico.
La agricultura francesa enfrenta además el desafío de sostener su producción en medio de una nueva ola de calor que podría llevar las temperaturas hasta los 42 grados. Para los especialistas, la sucesión de episodios extremos está modificando las condiciones habituales de producción.
El agroclimatólogo Serge Zaka describió la situación como uno de los mayores desastres agrícolas nacionales desde 1945. El presidente de la principal organización agrícola francesa, Arnaud Rousseau, también calificó el fenómeno como una catástrofe climática sin precedentes por su extensión y duración.
Los productores reclaman ayuda económica para compensar las pérdidas y evitar que miles de explotaciones queden al borde del cierre. La presión se dirige tanto al Gobierno francés como a las instituciones de la Unión Europea.
La emergencia francesa también tiene un reflejo en Gran Bretaña, donde las temperaturas extremas y la sequía generan preocupación por la disponibilidad de verduras, leche y otros alimentos.
El escenario plantea un problema que excede las pérdidas económicas del sector: la capacidad de los sistemas agrícolas europeos para sostener la producción de alimentos frente a fenómenos climáticos cada vez más extremos y frecuentes.
