Dos empresas de alimentos recortan personal y suman presión sobre el empleo industrial
Granja Tres Arroyos desvinculó a 250 trabajadores de su planta de Concepción del Uruguay y atribuyó la decisión a la caída de las exportaciones de carne aviar. En Mendoza, Unilever cerró una histórica fábrica de vegetales deshidratados y dejó a 60 empleados sin trabajo.

El sector de la alimentación registró nuevos despidos y el cierre de una planta industrial, en un escenario marcado por la caída de la actividad, problemas para exportar y cambios en los hábitos de consumo. Granja Tres Arroyos y Unilever comunicaron decisiones que afectan en conjunto a más de 300 trabajadores.
Granja Tres Arroyos, principal productora de carne aviar de la Argentina, desvinculó a 250 empleados de su establecimiento de Concepción del Uruguay, Entre Ríos. La medida fue confirmada por la Federación de Trabajadores de Industrias de la Alimentación y el sindicato del sector en esa ciudad, que calificaron la situación como un caso de “despidos masivos”.
La empresa argumentó en los telegramas enviados a los trabajadores que existía una “grave disminución de trabajo no imputable” a la compañía. Según la explicación empresarial, una serie de factores extraordinarios provocaron una fuerte reducción de la actividad.
Entre las principales causas mencionadas aparecen los brotes de gripe aviar registrados en el país y las restricciones posteriores sobre las exportaciones. La caída de los envíos al exterior habría generado además una sobreoferta en el mercado interno, acompañada por una disminución de los precios y un aumento sostenido de los costos de producción.
La compañía sostuvo que la combinación de esos factores provocó un deterioro significativo de su situación económica y financiera.
En Mendoza, el impacto fue diferente pero también implicó una pérdida importante de puestos laborales. Unilever cerró su planta de vegetales deshidratados de la marca Knorr ubicada en Guaymallén y desvinculó a 60 trabajadores.
La fábrica tenía más de seis décadas de actividad. Había comenzado a funcionar en 1964 bajo la empresa Refinerías de Maíz y fue adquirida por Unilever en 2005. Su cierre supone la desaparición de una instalación que tenía una característica particular: era la única planta de deshidratación de vegetales de la multinacional en todo el mundo.
El establecimiento trabajaba con productores de Mendoza, San Juan y Córdoba y recibía más de 15.000 toneladas de vegetales frescos por año. Allí se procesaban y deshidrataban los productos que luego eran utilizados en distintas preparaciones de la marca.
A diferencia de Granja Tres Arroyos, Unilever vinculó el cierre principalmente con una transformación de los hábitos de consumo y no exclusivamente con la caída reciente de la demanda.
Los dos casos vuelven a poner bajo la lupa la situación del empleo industrial. Mientras una empresa enfrenta las consecuencias de las dificultades para colocar productos en el exterior, la otra decidió abandonar una operación productiva histórica ante cambios estructurales en su negocio. En ambos casos, el resultado inmediato fue el mismo: cientos de trabajadores quedaron fuera del mercado laboral.
