Cuba llega al centenario de Fidel Castro sumida en una profunda crisis económica

A un siglo del nacimiento del líder de la revolución, la isla enfrenta apagones, escasez de alimentos y agua y una creciente presión de Estados Unidos. Entre la nostalgia y las críticas, los cubanos debaten qué queda del proyecto socialista.
Cuba conmemora este jueves los 100 años del nacimiento de Fidel Castro en uno de los momentos más difíciles de su historia reciente. El líder revolucionario, que gobernó la isla durante casi medio siglo y murió en 2016, es homenajeado por el Partido Comunista con exposiciones, conciertos y conferencias, mientras buena parte de la población enfrenta una grave crisis económica.
Los problemas atraviesan prácticamente todos los aspectos de la vida cotidiana. Los apagones son frecuentes, escasean alimentos y agua y los precios dificultan cada vez más el acceso a productos básicos. A este escenario se suma la presión de Washington, en un contexto marcado por las restricciones económicas y comerciales que Estados Unidos mantiene sobre la isla.
Para los cubanos que vivieron durante décadas bajo el liderazgo de Castro, la situación actual despierta sentimientos contrapuestos. Algunos sostienen que la crisis demuestra cuánto se necesita la figura del antiguo líder. Otros consideran que los problemas actuales son precisamente una consecuencia de las políticas aplicadas durante su gobierno.
Leonel Suárez, un electricista de 54 años que colecciona fotografías y objetos vinculados con la revolución, conserva una imagen de Castro en su casa y lo define como “un maestro”. Según su visión, si Fidel estuviera vivo habría enfrentado las dificultades con una estrategia diferente y defendido personalmente a la población.
Sin embargo, la crisis también modificó la relación de algunos cubanos con los recuerdos de la revolución. Suárez llegó a considerar la venta de una fotografía de Castro por US$ 100 ante la necesidad económica. “Hay que vivir”, explicó.
La presencia de Fidel también se volvió menos visible en las calles. Una legislación aprobada después de su muerte prohibió la construcción de monumentos en su honor y el uso de su nombre para instituciones públicas. Además, muchas de las grandes imágenes que durante años ocuparon espacios públicos se deterioraron y desaparecieron.
Para otros cubanos, el problema no es la ausencia física del dirigente sino su legado. El historiador y opositor Manuel Cuesta sostiene que durante su juventud veía a Castro como una figura capaz de transformar el país, pero que esa imagen se fue deteriorando a medida que las condiciones de vida se alejaron de las promesas de la revolución.
La crisis golpea incluso a generaciones que durante décadas defendieron el sistema. Ángela Gutiérrez, de 86 años, recuerda los beneficios que recibió en materia de educación y salud, pero se muestra decepcionada por la situación actual y cuestiona especialmente los constantes cortes de electricidad.
Otros mantienen una mirada favorable. Mildred Barreto, una trabajadora de 66 años, todavía llama a Castro “nuestro comandante”, aunque reconoce las dificultades que atraviesa actualmente la población.
El centenario encuentra así a Cuba dividida entre la reivindicación de una figura que continúa siendo central para la identidad política del régimen y una realidad económica que obliga a muchos habitantes a cuestionar el legado de la revolución.
