Ceden las protestas en Irán tras una represión que dejó al menos 3.400 muertos
El régimen suspendió las ejecuciones de manifestantes y las calles de Teherán comenzaron a recuperar la normalidad, aunque persiste el temor a una intervención militar de Estados Unidos.

Las protestas contra el régimen iraní comenzaron a ceder en los últimos días, luego de una sangrienta represión que, según organizaciones de derechos humanos, dejó al menos 3.400 muertos en todo el país. En Teherán, las calles mostraban señales de normalización, mientras el poder judicial suspendió las ejecuciones de manifestantes detenidos, en medio de una fuerte presión internacional.
Las movilizaciones se habían iniciado a fines de diciembre como un reclamo por el alto costo de vida, pero rápidamente derivaron en un levantamiento nacional contra la teocracia iraní. Una semana atrás, el régimen aisló al país con un corte masivo de Internet y lanzó una ofensiva represiva que dificultó la verificación independiente de los hechos ocurridos en las calles.
El gobierno dio marcha atrás con la amenaza de ejecutar manifestantes, luego de las advertencias de Estados Unidos. El poder judicial negó haber dictado una sentencia de muerte contra Erfan Soltani, un joven de 26 años cuya ejecución se había dado por inminente. El presidente Donald Trump aseguró que las ejecuciones no seguirían adelante y que la represión había cesado, aunque sin brindar detalles adicionales.
En la capital iraní, testigos indicaron que ya no se escuchan disparos por las noches y que no se observan restos de barricadas ni incendios. Sin embargo, la prensa estatal informó sobre nuevas detenciones de personas calificadas como “terroristas” y operativos para localizar antenas de Internet satelital Starlink.
Mientras intenta consolidar el control interno, Irán enfrenta tensiones externas. El país cerró su espacio aéreo durante más de cuatro horas sin explicaciones oficiales, una medida que generó alarma internacional y desvíos de vuelos comerciales. Estados Unidos, en paralelo, evacuó personal de bases militares en la región y reforzó advertencias de seguridad.
Según la ONG Iran Human Rights, con sede en Noruega, la represión dejó más de 3.400 muertos y miles de heridos, consolidando uno de los episodios más sangrientos de la historia reciente del país.
