Una película sobre rieles que homenajea a Leonardo Favio desde la ternura

El tren fluvial, debut de Lorenzo Ferro y Lucas Vignale en el largometraje, sigue a un joven bailarín de malambo que abandona su pueblo para buscar una oportunidad en Buenos Aires. La película combina referencias al cine de Favio, surrealismo y una mirada sobre el choque entre el mundo rural y la gran ciudad.

Un joven del interior que sueña con llegar a Buenos Aires, convertirse en actor y cambiar su destino es el protagonista de El tren fluvial, la película con la que Lorenzo Ferro y Lucas Vignale debutan en la dirección de largometraje. El filme, de 75 minutos, recupera elementos del universo de Leonardo Favio y construye una historia atravesada por la ternura, la fuga y el aprendizaje.

La referencia al director de Crónica de un niño solo y Soñar, soñar aparece desde el comienzo. La historia combina el clima de la primera película de Favio con el recorrido del protagonista de la segunda: un muchacho del interior que quiere llegar a la capital para encontrar una oportunidad.

Milo, interpretado por Milo Barría, vive en un pueblo y es un destacado bailarín de malambo. Su padre lo presiona para continuar con esa actividad, pero el joven sueña con otro futuro. Después de ver una película de Favio en televisión, decide viajar a Buenos Aires y seguir los pasos de su ídolo.

Como sabe que su familia no le permitiría irse, pone algo en la comida para hacerlos dormir y emprende el viaje. Ya en la ciudad, sin dinero ni contactos, intenta abrirse camino como actor y termina participando de un casting. Allí conoce a nuevos personajes y comienza a atravesar situaciones que lo obligan a enfrentarse con un mundo muy diferente al que conocía.

Ferro y Vignale incorporan elementos surrealistas y construyen un contrapunto permanente entre el campo y la ciudad. Los personajes que Milo encuentra funcionan como figuras representativas de ese universo urbano al que llega sin herramientas.

La película también plantea el crecimiento del protagonista. Milo debe madurar a la fuerza y, mientras intenta encontrar un lugar en Buenos Aires, empieza a mirar con nostalgia la vida que dejó atrás junto a su familia. La historia apuesta por la sencillez de las situaciones y los personajes para construir una mirada afectuosa sobre ese proceso.

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