Cuatro países impulsan una estrategia regional para proteger al yaguareté
Argentina, Brasil, Paraguay y Bolivia lanzaron una iniciativa para restaurar corredores de biodiversidad y conectar ecosistemas de la cuenca del Paraná, una región clave para la conservación del felino.

El yaguareté atraviesa una situación crítica en la Argentina. Según el último censo, realizado en 2022, se estima que quedan entre 250 y 300 ejemplares en el país. La región chaqueña es uno de los puntos más comprometidos: hasta hace tres años se contabilizaban siete animales libres y actualmente serían nueve.
La pérdida de bosques y la reducción de los territorios disponibles se convirtió en una de las principales amenazas para la especie. La menor disponibilidad de hábitat aumenta los encuentros con personas y ganado, lo que puede derivar en conflictos y, en algunos casos, en la muerte de los animales.
Frente a este escenario, distintas organizaciones desarrollaron programas de monitoreo, protección y reintroducción. En 2019, Rewilding Argentina, junto con la Administración de Parques Nacionales, puso en marcha un proyecto en el Parque Nacional El Impenetrable, en Chaco, destinado a recuperar la población mediante la cría, cuidado, monitoreo y liberación de ejemplares.
En Iberá, el trabajo permitió liberar al primer yaguareté en 2021 y actualmente hay más de 50. La dispersión de los ejemplares juveniles hacia el río Paraná llevó a los especialistas a identificar a los cursos de agua como corredores naturales fundamentales para la especie.
Con esa mirada nació Jaguar Rivers, una iniciativa que reúne a organizaciones de Argentina, Bolivia, Brasil y Paraguay para restaurar y reconectar los ecosistemas de la cuenca del Paraná. El proyecto busca recuperar corredores de biodiversidad, fortalecer áreas protegidas y crear sitios intermedios que permitan conectar territorios fragmentados.
La propuesta también contempla monitorear los ríos mediante nuevas tecnologías para evaluar sus niveles, sedimentos y el estado de las zonas ribereñas. La iniciativa apunta así a recuperar una conexión entre conservación, comunidades y actividades productivas en una cuenca de la que dependen más de 100 millones de personas.
