Las zonas oscuras del 11-S que siguen alimentando las teorías conspirativas

A 25 años de los atentados, parte de la información sobre la investigación continúa clasificada en Estados Unidos. La falta de acceso a determinados documentos alimentó sospechas sobre Arabia Saudita, el ataque al Pentágono y el derribo del vuelo 93.

A casi 25 años de los atentados del 11 de septiembre de 2001, algunos documentos vinculados con la investigación estadounidense continúan clasificados. Esa falta de transparencia, justificada durante años por razones de seguridad nacional, contribuyó a alimentar numerosas teorías conspirativas sobre uno de los ataques terroristas más mortíferos de la historia.

Uno de los principales interrogantes apunta a Arabia Saudita. Osama bin Laden y 15 de los 19 secuestradores eran sauditas, mientras que distintas investigaciones identificaron vínculos entre integrantes del entorno de los atacantes y personas relacionadas con organismos del reino. Sin embargo, la Comisión del 11-S concluyó que no había evidencia de que el gobierno saudita hubiera financiado o asistido a los terroristas. Riad siempre negó cualquier participación.

La discusión volvió a cobrar fuerza cuando familiares de las víctimas reclamaron durante años el acceso a documentos clasificados del FBI. En 2020, un grupo de ellos visitó a Donald Trump y pidió que se difundieran archivos que podrían ser utilizados en una demanda contra Arabia Saudita. Finalmente, solo trascendió información limitada, entre ella el nombre de un diplomático saudita relacionado previamente con la investigación.

Otro foco de sospechas fue el ataque contra el Pentágono. La versión oficial establece que el edificio fue impactado por el vuelo 77 de American Airlines. Los defensores de teorías conspirativas cuestionaron esa explicación por el tamaño del agujero inicial y por la supuesta ausencia visible de restos del avión en algunas imágenes.

También existen dudas alrededor del vuelo 93, que cayó en Pensilvania cuando se dirigía hacia Washington. La investigación oficial sostiene que los pasajeros enfrentaron a los secuestradores y evitaron que el avión alcanzara su objetivo. Otras versiones aseguran que fue derribado por un avión militar.

Finalmente, algunas teorías sostienen que el gobierno de George W. Bush permitió o utilizó los atentados como argumento para justificar posteriores intervenciones militares, especialmente en Irak. La investigación oficial, sin embargo, atribuyó los ataques a Al Qaeda.

El Departamento de Estado calificó estas hipótesis como infundadas, aunque su persistencia demuestra que, décadas después, los documentos aún reservados siguen siendo parte del debate sobre el 11-S.

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