La Ciudad blindó sus accesos desde la provincia con la “Operación Muro”

El mega operativo abarcó 24 kilómetros sobre la General Paz y el Riachuelo. El jefe de Gobierno porteño defendió la medida sin concesiones: “No vamos a pedir perdón”.

El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires desplegó un operativo de control sin precedentes sobre los accesos que la unen con la provincia de Buenos Aires. Denominado “Operación Muro”, el dispositivo abarcó 24 kilómetros de ingresos y puentes distribuidos a lo largo de la avenida General Paz y la frontera natural del Riachuelo, con presencia policial masiva y controles estrictos sobre el flujo de personas y vehículos.

La medida fue justificada por las autoridades porteñas en términos de seguridad y orden público, y el jefe de Gobierno cerró el debate con una frase que no dejó lugar a interpretaciones: “No vamos a pedir perdón”. La dureza del tono refleja la apuesta política detrás del operativo: instalar una narrativa de firmeza en materia de seguridad que tiene resonancia en el electorado de la Ciudad.

La “Operación Muro” reactualiza una tensión histórica entre la Ciudad y el conurbano bonaerense, que se expresa en debates recurrentes sobre la responsabilidad de cada jurisdicción en el control del delito, la circulación de personas y los recursos de seguridad. El operativo fue leído por distintos actores políticos como una acción de campaña antes que como una respuesta a una amenaza concreta.

Desde la provincia de Buenos Aires, el operativo generó rispideces. La intervención unilateral de la Ciudad sobre corredores compartidos y la retórica del “muro” como metáfora tienen connotaciones políticas que la gestión de Axel Kicillof no pasó por alto. El cruce jurisdiccional promete continuar en las próximas semanas, especialmente a medida que se acercan las elecciones de medio término y cada distrito busca diferenciarse en el eje de la seguridad.

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