Assayas explora el poder en la Rusia de Putin con un estratega en las sombras como eje narrativo

La adaptación de El mago del Kremlin reconstruye el ascenso político ruso a través de un personaje inspirado en Vladislav Surkov, combinando intriga, ficción y reflexión sobre la propaganda.

Olivier Assayas lleva al cine la novela de Giuliano da Empoli con una propuesta que busca descifrar los mecanismos del poder en la Rusia contemporánea. En El mago del Kremlin, el foco no está puesto directamente en Vladimir Putin, sino en la figura que lo rodea y lo construye: Vadim Baranov, un personaje ficticio interpretado por Paul Dano, claramente inspirado en Vladislav Surkov, el influyente estratega político que operó en las sombras durante el ascenso del líder ruso.

La película se estructura a partir del diálogo entre Baranov y un periodista estadounidense, recurso que permite desplegar en forma fragmentada su recorrido: de dramaturgo experimental en la escena cultural rusa a arquitecto de un sistema de comunicación política basado en la manipulación y la construcción de relatos. En ese trayecto aparecen figuras clave del poder económico y mediático, como los oligarcas que emergieron tras la caída de la Unión Soviética.

Assayas combina reconstrucción histórica con elementos ficcionales para reflexionar sobre la delgada línea entre información y propaganda. En ese marco, el vínculo entre Baranov y Putin —interpretado por Jude Law— funciona como columna vertebral de una historia donde el poder se presenta menos como una cualidad individual que como una red de influencias y proximidades.

Sin embargo, la narrativa se dispersa por momentos en subtramas, como la relación amorosa con Ksenia, que diluyen la tensión política central. Aun así, la interpretación de Law aporta densidad al retrato de Putin, construyendo un personaje enigmático a partir de gestos mínimos.

El resultado es una película que, más que ofrecer certezas, se mueve en el terreno de las hipótesis sobre cómo se configura el poder en la Rusia actual.

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