Comienza en Tucumán un nuevo juicio por el crimen de Paulina Lebbos, a dos décadas del caso

El proceso vuelve a poner bajo la lupa a la ex pareja de la joven y a un dirigente vinculado al poder político provincial. La causa acumula años de irregularidades, condenas por encubrimiento y una investigación marcada por la impunidad.

A veinte años del asesinato de Paulina Lebbos, la Justicia de Tucumán inicia un nuevo juicio para intentar esclarecer definitivamente uno de los casos criminales más emblemáticos de la provincia. La joven estudiante de 23 años fue asesinada en febrero de 2006 tras salir a festejar con amigas, y desde entonces la investigación estuvo atravesada por sospechas de encubrimiento y graves irregularidades.

El principal acusado es Víctor César Soto, ex pareja de la víctima y padre de su hija, quien será juzgado junto a Sergio Kaleñuk, dirigente vinculado al club Atlético Tucumán e hijo de un ex funcionario cercano al entonces gobernador José Alperovich. Según la acusación, ambos habrían participado en el crimen y en el posterior traslado del cuerpo.

Paulina era estudiante de Comunicación Social en la Universidad Nacional de Tucumán. La madrugada del 26 de febrero de 2006 salió a bailar con una amiga y, al terminar la noche, ambas tomaron un remís. La última reconstrucción conocida indica que Paulina dejó a su amiga en su casa y debía continuar viaje hacia la vivienda de Soto. Nunca llegó. Trece días después su cuerpo fue encontrado a unos 30 kilómetros de la capital tucumana, en la zona de Tapia.

Desde el comienzo de la investigación, la familia de la joven señaló a Soto como principal sospechoso. Alberto Lebbos, su padre, denunció reiteradamente que existía una red de protección política y policial que dificultó avanzar sobre esa pista. Con el paso de los años, varias decisiones judiciales confirmaron que hubo maniobras de encubrimiento durante la pesquisa inicial.

De hecho, el ex fiscal que investigó el caso fue condenado en 2021 por su actuación irregular, en una causa que ya acumula nueve personas sentenciadas por diferentes responsabilidades vinculadas al ocultamiento del crimen.

La acusación contra Soto y Kaleñuk se fortaleció a partir del análisis de registros telefónicos que los ubicaban en comunicación constante el día de la desaparición de Paulina. Los investigadores sostienen que ese intercambio podría estar vinculado con el traslado del cuerpo.

Dos décadas después del asesinato, el nuevo juicio buscará determinar quién fue el responsable directo del crimen y si finalmente se logra cerrar una historia marcada por el dolor y la impunidad.

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