La escalada bélica dispara los precios del petróleo y del gas y reaviva temores inflacionarios

La guerra en Oriente Medio tuvo un impacto inmediato en los mercados energéticos. En la primera jornada de operaciones tras el recrudecimiento del conflicto, el precio del petróleo registró subas cercanas al 7% y el gas natural licuado llegó a aumentar hasta un 35%, impulsados por el cierre del estratégico estrecho de Ormuz, por donde circula una porción clave del comercio mundial de hidrocarburos.
La tensión se agravó luego de que un general de la Guardia Revolucionaria iraní advirtiera que no dejarán pasar “ni una gota de petróleo” por esa vía. Horas antes, la propia fuerza había informado el ataque con drones a un petrolero en el estrecho, identificado como Athens Nova y señalado como “aliado de Estados Unidos”, lo que elevó el riesgo de interrupciones prolongadas en el suministro.
En ese contexto, el crudo Brent, referencia para Europa, llegó a escalar más del 10% en la apertura y cerró la jornada con un alza del 6,68%, mientras que el WTI estadounidense subió más del 6% y continuó avanzando en el mercado de futuros. Analistas del sector no descartan un escenario aún más extremo: expertos temen que el barril pueda trepar hasta los 120 dólares si el conflicto se prolonga y se consolidan los bloqueos.
El gas natural también reaccionó con fuerza. En el mercado europeo de futuros TTF, el precio se ubicó en torno a los 43 dólares, con un salto cercano al 35%, reflejo del temor a un shock energético similar al vivido en crisis anteriores.
Desde el sistema financiero, Bank of America advirtió que el Brent podría superar los 100 dólares si Teherán mantiene una postura dura y extiende los ataques a instalaciones de países vecinos del Golfo. La preocupación central es que una suba sostenida de la energía vuelva a presionar la inflación global y obligue a los bancos centrales a mantener tasas de interés más altas.
Ese escenario complicaría a gobiernos como el de Donald Trump, pero beneficiaría a países exportadores como Rusia, mientras que golpearía a grandes importadores, en especial a China, principal cliente del petróleo iraní.
