Crece la miopía infantil y especialistas advierten sobre hábitos que afectan la visión

La miopía avanza entre chicos y adolescentes a un ritmo que preocupa a la comunidad médica. Hoy afecta a cerca del 30% de los menores en el mundo y, de mantenerse la tendencia actual, podría alcanzar al 40% hacia 2050. Sin embargo, los especialistas aclaran que el problema no está directamente ligado a la luz azul de las pantallas ni se soluciona con anteojos con filtros especiales, como suele creerse.

La advertencia surge de un estudio publicado en el British Journal of Ophthalmology, basado en una revisión de 276 investigaciones realizadas en 50 países, que analizó datos de más de 5,4 millones de niños y adolescentes. La conclusión es clara: la miopía infantil crece de forma sostenida desde 1990 y está fuertemente asociada a cambios en el estilo de vida.

Según explicó Esteban Travelletti, jefe de Pediatría y Estrabismo del servicio de Oftalmología del Hospital de Clínicas*, el foco del problema no son las pantallas en sí, sino el uso prolongado de la visión de cerca. “El inconveniente es estar mucho tiempo haciendo foco a corta distancia sin levantar la vista para mirar lejos”, señaló. Ese esfuerzo sostenido favorece que el globo ocular se alargue, lo que deteriora la visión lejana.

En ese contexto, Travelletti desmintió uno de los mitos más difundidos: que la luz azul daña la vista o provoca miopía. Aclaró que no existen pruebas clínicas concluyentes que respalden esa idea y que los filtros “blue blocker” no previenen este problema. La luz azul, además, no proviene sólo de celulares y computadoras, sino que forma parte del espectro natural del sol.

De hecho, el especialista remarcó que la exposición a la luz natural cumple un rol protector, ya que contribuye a frenar el crecimiento ocular en chicos miopes. Por eso, recomendó promover actividades al aire libre y pausas frecuentes para mirar a larga distancia, más allá del uso de dispositivos.

El mensaje central es preventivo: la miopía no es inevitable. Modificar hábitos cotidianos —menos tiempo de enfoque cercano continuo y más contacto con la luz natural— puede marcar una diferencia clave en la salud visual infantil.

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