“The Pitt”, el drama médico en tiempo real que redefine el género y no da respiro

La serie de HBO Max estrenó su segunda temporada y confirma su apuesta distintiva: episodios en tiempo real dentro de una sala de urgencias, con adrenalina constante y sin golpes bajos.
“The Pitt” no es una serie médica más. Tampoco un simple derivado de clásicos como ER, Grey’s Anatomy o Chicago Med. La ficción creada por R. Scott Gemmill y protagonizada por Noah Wyle se distingue menos por lo que cuenta que por cómo lo cuenta: cada episodio transcurre en tiempo real y muestra, durante una hora exacta, una hora de trabajo en la sala de emergencias del Pittsburgh Trauma Medical Hospital.
La primera temporada, estrenada el 9 de enero del año pasado, presentó 15 episodios que recorren una jornada completa, desde las 7 de la mañana hasta la noche. La segunda temporada, que HBO Max comenzó a emitir el 8 de enero con entregas semanales, retoma esa estructura quirúrgica y precisa, manteniendo un ritmo narrativo que no concede pausas ni distracciones.
El mayor acierto de “The Pitt” es su decisión de no salir del hospital. La vida privada de los personajes apenas se insinúa a través de silencios, miradas, diálogos breves en pasillos o confesiones al paso entre camillas. No hay subtramas sentimentales externas ni escenas de relleno: todo ocurre dentro de esas paredes, con la humanidad del personal médico expuesta frente a los pacientes y los espectadores.
En el centro del relato está el doctor Michael “Robby” Robinavitch, interpretado por Noah Wyle, médico adjunto y referente absoluto del equipo. Su figura remite inevitablemente a John Carter, el personaje que el actor encarnó durante años en ER, aunque aquí aparece atravesado por traumas, experiencia y una autoridad construida desde el oficio, no desde la prepotencia.
“The Pitt” logra transmitir el pulso real de una guardia: momentos de calma tensa, corridas urgentes, gritos, trabajo en equipo y decisiones que no siempre tienen un final feliz. Puede haber cierta sensación de repetición, producto de su localización fija, pero su apuesta estética y narrativa convierte esa limitación en virtud. Más que ver una serie, el espectador se sumerge en una experiencia intensa, verosímil e imposible de abandonar. Es, sin exagerar, imperdible.
