Reforma laboral: el Gobierno cuenta voto por voto en el Senado y apuesta al respaldo de los gobernadores

El oficialismo necesita 37 senadores para aprobar la iniciativa y trabaja sobre una base teórica de 44. Sin embargo, el alineamiento de los legisladores con sus gobernadores no es automático y las negociaciones siguen abiertas.

El oficialismo avanza con el conteo fino de votos para aprobar la Reforma Laboral en el Senado, donde necesita reunir al menos 37 voluntades para sancionar el proyecto. La estrategia central del Gobierno es apoyarse en los gobernadores para que influyan sobre sus senadores, aunque en la práctica esa relación no siempre es lineal ni garantizada.

La Libertad Avanza parte de un núcleo propio de 21 senadores. A partir de allí, el ministro del Interior, Diego Santilli, inició una ronda de conversaciones con mandatarios provinciales de distintos signos políticos para que respalden la iniciativa y “bajen línea” a sus representantes en la Cámara alta. Según los cálculos oficiales, el Gobierno podría llegar a una base potencial de 44 votos, es decir, todos menos el interbloque peronista, aunque varios apoyos siguen siendo inciertos.

En el PRO quedaron solo tres senadores. De ellos, la chubutense Andrea Marcela Cristina es la única que responde a un gobernador del mismo espacio, Ignacio Torres. Sin embargo, otra senadora de Chubut, Edith Terenzi, integrante del monobloque Despierta Chubut, planteó reparos en comisión, especialmente por el impacto que la reforma y los cambios en Ganancias podrían tener sobre la coparticipación y los recursos provinciales, un punto sensible para varios mandatarios.

En la UCR, de los diez senadores, cinco mantienen un alineamiento claro con sus gobernadores, como los mendocinos cercanos a Alfredo Cornejo o la chaqueña Silvana Schneider, vinculada a Leandro Zdero. En otros casos, como Santa Fe o Corrientes, la relación es más autónoma y las decisiones no siempre acompañan la postura de los ejecutivos provinciales.

Las denominadas bancadas federales concentran buena parte de la negociación. Allí conviven bloques provinciales y monobloques alineados a sus gobernadores, muchos de los cuales dialogan con la Casa Rosada pero evitan adelantar su voto. Incluso dentro del interbloque peronista, el oficialismo mantiene conversaciones con Convicción Federal, un espacio que se escindió del kirchnerismo y cuyos integrantes no siempre votan en bloque.

Conscientes de que las definiciones llegarán sobre el final, las negociaciones se acelerarán a partir del 26 de enero, cuando los senadores retomen la actividad plena y el Gobierno busque cerrar los apoyos necesarios para avanzar con la reforma.

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