“Primate”: terror sangriento con un mono asesino que encierra a adolescentes en una pesadilla

La nueva película de Johannes Roberts apuesta al slasher clásico, con mucha sangre, una sola locación y un villano inesperado: un mono rabioso. Troy Kotsur acompaña en un film de bajo presupuesto que no innova, pero cumple.

“Primate” es la primera película de terror de 2026 que llega a los cines con la clara ambición de convertirse en un éxito de taquilla. Dirigida por Johannes Roberts, el mismo realizador de “A 47 metros”, la propuesta se apoya en todos los elementos tradicionales del slasher: violencia explícita, muertes gráficas, tensión constante y un villano tan insólito como letal. En este caso, el asesino no es humano, sino un mono rabioso que convierte una casa en Hawaii en una trampa mortal.

La historia gira en torno a Lucy, una adolescente que regresa al hogar familiar junto a dos amigas para reencontrarse con su padre viudo, interpretado por Troy Kotsur. En la casa también vive su hermana menor y Ben, un mono que había sido criado como mascota debido a que la madre fallecida era primatóloga. Todo cambia cuando el animal se contagia de rabia y pasa de ser dócil a convertirse en una amenaza brutal.

A partir de ese momento, las jóvenes quedan atrapadas en la piscina de la casa, único lugar donde el primate no puede atacarlas. La pileta, ubicada al borde de un acantilado, funciona como una prisión improvisada, mientras el peligro acecha alrededor. El recurso de una única locación, que recuerda a producciones de pandemia, refuerza la sensación de encierro y desesperación.

“Primate” no busca reinventar el género. Por el contrario, se apoya sin pudor en los lugares comunes del terror: muertes previsibles, personajes arquetípicos y giros fáciles de anticipar. El interés pasa más por adivinar quién caerá primero y si habrá sobrevivientes que por la sorpresa narrativa.

Con 95 minutos de duración, abundante gore y un villano fuera de lo habitual, la película ofrece entretenimiento directo para fanáticos del terror más clásico. No innova ni arriesga, pero cumple con lo prometido: un espectáculo sangriento, tenso y deliberadamente exagerado, que deja abierta la puerta a una posible secuela.

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