Un Modigliani rebelde, anárquico y caricaturesco: Johnny Depp dirige sin brillo su segundo filme
El director se aleja de la biopic tradicional y combina humor ingenuo con drama, pero sólo logra emoción en la escena con Al Pacino, lo mejor de la película.

Johnny Depp regresa detrás de cámara con Modigliani, tres días en Montparnasse, un intento de retratar al pintor italiano Amedeo Modigliani desde un enfoque anárquico y caricaturesco. Protagonizada por Riccardo Scamarcio, con Antonia Desplat, Stephen Graham y una breve aparición de Al Pacino, la cinta busca capturar el espíritu libre del artista, pero termina desdibujada entre el homenaje y la parodia.
Inspirada en la obra teatral Modi: Three Days on the Wing of Madness (1980), la película recrea tres días de la vida del pintor en el París de 1916. Depp mezcla escenas dramáticas con sketches cómicos en blanco y negro que evocan al cine mudo, aunque el humor se siente torpe y poco original. La historia muestra a un Modigliani frustrado, rechazado por los coleccionistas y atormentado por la falta de reconocimiento, mientras su marchant intenta vender sus obras.
El tono cambia recién en el tramo final, cuando aparece Pacino como el coleccionista Maurice Gangnat. Ese encuentro tenso entre el artista y el burgués, cargado de ironía y resentimiento, ofrece el único momento verdaderamente sólido del filme.
Aunque Modigliani pretende escapar del formato de biografía convencional, su rebeldía se vuelve superficial. Depp, más bohemio que riguroso, ofrece un retrato desparejo que apenas roza la genialidad del pintor. La película funciona como curiosidad para cinéfilos y fans del director, pero su anarquía no alcanza para conmover ni para hacer justicia a la figura del artista incomprendido.
