No hago otra cosa que pensar en tí…
La semifinal del Mundial entre Argentina e Inglaterra modificó rutinas, horarios y costumbres en la Ciudad. Comercios que cerrarán, bares que esperan multitudes y fanáticos que mantienen sus cábalas reflejan una expectativa que atraviesa todos los barrios.

A pocas horas del esperado duelo entre Argentina e Inglaterra por las semifinales del Mundial 2026, Buenos Aires comenzó a vivir una jornada distinta. La ciudad ajustó sus horarios, reorganizó actividades y convirtió al partido en el centro de todas las conversaciones. En bares, comercios, escuelas y oficinas, la pregunta fue una sola: dónde y cómo ver el encuentro decisivo.
En la zona de Cabildo y Juramento, uno de los puntos tradicionales del movimiento porteño, la expectativa ya se hacía sentir. Pizzerías y restaurantes preparaban sus salones para recibir a grupos de amigos, familias y vecinos que buscarán compartir el partido frente a una pantalla. Algunos locales anticipaban una jornada récord, con gente incluso mirando desde la calle.
Otros comercios, en cambio, decidieron cerrar durante el encuentro. En algunos negocios de ropa y servicios explicaron que la actividad caerá al mínimo mientras juegue la selección y que muchos empleados aprovecharán para reunirse frente a televisores instalados en locales cercanos.
Entre quienes mantendrán su rutina aparecen trabajadores que transformaron la jornada en una cábala. Conductores, repartidores y empleados que seguirán en actividad aseguran que repetirán la fórmula utilizada durante partidos anteriores porque creen que trae suerte. Algunos escucharán la transmisión por radio, otros seguirán el minuto a minuto desde el celular y varios buscarán combinar trabajo y fútbol.
La pasión también llegó al ámbito educativo. En la Ciudad de Buenos Aires las escuelas funcionarán con normalidad, aunque cada establecimiento definirá cómo organizar las actividades durante el partido. La Universidad de Buenos Aires permitirá que los estudiantes puedan seguir el encuentro dentro de sus facultades, mientras que la Universidad Católica Argentina dispuso un asueto desde la tarde para facilitar la participación de su comunidad.
El impacto también alcanzó al sistema sanitario, donde algunos pacientes solicitaron cambios de turno para no perderse el partido y algunos centros reorganizaron sus agendas.
Así, entre persianas bajas, bares llenos y rituales futboleros, Buenos Aires quedó lista para una semifinal que promete detener por unas horas la rutina habitual. La ciudad espera otra noche de ilusión con la selección como protagonista.
