El desplome del oro recorta US$ 2.800 millones de las reservas del Banco Central
El Banco Central sufrió una pérdida contable cercana a los US$ 2.800 millones en sus reservas internacionales debido a la fuerte caída del precio del oro en los mercados globales, en un contexto marcado por la volatilidad financiera internacional.

El metal precioso, que había alcanzado a comienzos de año un valor récord cercano a los US$ 5.400 por onza, retrocedió en las últimas semanas hasta perforar los US$ 4.000, lo que implica una caída aproximada del 25% en cinco meses. Esa baja impactó directamente en la valuación de los activos del BCRA.
El organismo posee alrededor de 1,98 millones de onzas troy de oro —equivalentes a unas 61 toneladas—, que forman parte de sus reservas internacionales. La revalorización previa del metal había elevado ese stock a más de US$ 10.750 millones, mientras que con la caída reciente su valor se redujo a unos US$ 7.920 millones.
El efecto del precio del oro es uno de los factores que incide diariamente en la evolución de las reservas del Banco Central, junto con otras variables como la compra de divisas, el pago de deuda o el ingreso de financiamiento externo. En este caso, la variación fue significativa por la magnitud del ajuste en el mercado internacional.
Según analistas del mercado, la baja del oro está vinculada a un cambio en las condiciones globales: el fortalecimiento del dólar como activo de refugio, la guerra en Medio Oriente y las expectativas sobre la política monetaria de la Reserva Federal de Estados Unidos, que podrían mantener o incluso aumentar las tasas de interés.
En ese escenario, el oro perdió parte de su atractivo como cobertura frente a la incertidumbre económica. Especialistas del sector explican que, durante el ciclo alcista previo, inversores institucionales y minoristas habían impulsado la demanda del metal como resguardo ante riesgos globales.
La corrección actual refleja un cambio en las expectativas del mercado, donde una menor percepción de riesgo inflacionario en economías desarrolladas y la estabilidad del sistema monetario reducen la presión sobre activos considerados refugio, como el oro.
El impacto en las reservas argentinas no responde a ventas del Banco Central, sino a la revaluación del stock existente en función de los precios internacionales.
