China lanzó un misil balístico desde un submarino y aumentó la tensión militar en el Pacífico
Pekín aseguró que se trató de un ejercicio de rutina, pero Japón, Australia, Nueva Zelanda y Taiwán expresaron preocupación por el impacto estratégico de la prueba. El ensayo volvió a poner bajo la lupa la expansión militar china.

China realizó un lanzamiento de prueba de un misil balístico de largo alcance desde un submarino nuclear en el océano Pacífico sur, una operación que generó preocupación entre varios países de la región por sus posibles consecuencias sobre el equilibrio militar. Aunque Pekín presentó el ensayo como una maniobra habitual y sin objetivos específicos, gobiernos vecinos lo interpretaron como una señal de creciente capacidad estratégica.
El lanzamiento ocurrió a las 12.01 hora local y el proyectil llevaba una ojiva de entrenamiento, según informó la agencia estatal Xinhua. La Marina china aseguró que el misil alcanzó con éxito la zona marítima prevista y afirmó que el operativo había sido comunicado previamente a los países involucrados.
Desde el gobierno chino señalaron que la prueba fue parte de ejercicios militares anuales, que se realizó respetando las normas internacionales y que no estaba dirigida contra ningún país. La portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Mao Ning, pidió evitar interpretaciones excesivas y afirmó que el ensayo se desarrolló de manera segura y profesional.
La reacción internacional, sin embargo, fue inmediata. Australia calificó el lanzamiento como una acción “desestabilizadora”, mientras que Japón expresó “serias preocupaciones” por el aumento de las actividades militares chinas y reclamó a Pekín mayor responsabilidad para evitar riesgos en la región.
Taiwán también cuestionó la operación y sostuvo que contribuye a elevar las tensiones en un momento de creciente competencia estratégica entre China y sus vecinos. Para las autoridades taiwanesas, este tipo de pruebas afecta la estabilidad y la seguridad del Pacífico.
Nueva Zelanda fue otro de los países que manifestó críticas. Su canciller, Winston Peters, señaló que Pekín informó sobre la prueba pocas horas antes de realizarla y cuestionó que el lanzamiento haya ocurrido dentro de una zona vinculada al Tratado de Rarotonga, que estableció en 1986 un área libre de armas nucleares en el Pacífico Sur.
Aunque China ratificó los protocolos de ese acuerdo y sostuvo que la ojiva utilizada no era activa, las autoridades neozelandesas consideraron que el ejercicio genera preocupación por el mensaje político y militar que transmite.
El ensayo coincidió además con la firma de un acuerdo de defensa entre Australia y Fiji, un movimiento interpretado como parte de los esfuerzos de Canberra para ampliar su presencia en el Pacífico Sur frente al crecimiento de la influencia china en la región.
Rusia, en cambio, respaldó la postura de Pekín. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, afirmó que China no representa una amenaza para otros países y defendió el lanzamiento como un ejercicio dentro de los derechos soberanos del país.
Especialistas en defensa estimaron que el misil utilizado podría tratarse de un JL-3, un modelo de nueva generación con capacidad intercontinental, o de su antecesor JL-2, con un alcance superior a los 8.000 kilómetros. Según analistas, este tipo de pruebas permite verificar tanto el funcionamiento tecnológico del sistema como la preparación operativa de las fuerzas militares.
El lanzamiento se suma a una serie de movimientos que reflejan la expansión del poder militar chino. En septiembre de 2024, Pekín ya había realizado una prueba de un misil balístico intercontinental en el Pacífico con una ojiva de entrenamiento, un hecho considerado entonces como una demostración de su creciente capacidad estratégica.
China sostiene oficialmente una política de “no primer uso” de armas nucleares, aunque al mismo tiempo avanza con una modernización de su arsenal. Informes del Pentágono estimaron que el país contaba con unas 600 ojivas nucleares en 2024 y que podría superar las 1.000 hacia 2030.
Además, Pekín dispone actualmente de una flota de submarinos capaces de lanzar misiles balísticos, junto con otros submarinos nucleares de ataque. Para los especialistas, esa capacidad marítima es una pieza central de la estrategia china para consolidarse como una potencia militar global y disputar influencia en el escenario internacional.
