“Canelones”: una historia que combina humor negro, suspenso y amistad en una sólida adaptación de Casciari
La película lleva al cine uno de los relatos más conocidos de Hernán Casciari y construye una propuesta que mezcla comedia, thriller y drama a partir de un hecho real que marcó la vida del escritor.

Canelones traslada a la pantalla grande un cuento autobiográfico de Hernán Casciari que gira alrededor de una broma telefónica realizada durante la adolescencia y las consecuencias inesperadas que esa travesura tuvo décadas después. Con Darío Barassi, Verónica Llinás, Agustín Aristarán y César Bordón como protagonistas, la película encuentra un equilibrio entre el humor negro, el suspenso y el retrato de la amistad.
La historia comienza en la década de 1980, cuando Hernán y su inseparable amigo Chiri se entretienen realizando llamadas telefónicas al azar desde una guía. En una de ellas, Hernán se hace pasar por el hijo de una mujer que atraviesa una profunda depresión y le anuncia que está por regresar a su casa. Ilusionada con el reencuentro, la mujer prepara los canelones que dan nombre a la película, aunque el encuentro nunca ocurre. Poco después, la tragedia golpea con el suicidio de la mujer.
Muchos años más tarde, ya convertido en un escritor reconocido, Hernán relata públicamente aquella anécdota sin imaginar que entre el público se encuentra Daniel, el verdadero hijo de la víctima. Convencido de que aquella broma fue determinante en la muerte de su madre, el hombre decide buscar revancha, dando inicio a una historia donde el misterio y la tensión ganan protagonismo.
La dirección de Christian Basilis —el verdadero Chiri de la historia— junto a Ana Laura Gussoni imprime un ritmo constante que mantiene el interés de principio a fin. La narración alterna momentos de comedia con escenas de creciente suspenso, construyendo un relato que recuerda por momentos a los clásicos policiales de Agatha Christie.
El elenco sostiene con solvencia la propuesta. Darío Barassi ofrece una interpretación distinta a sus trabajos habituales, Verónica Llinás aporta calidez y humor en cada aparición, Agustín Aristarán funciona como un eficaz contrapunto y César Bordón compone con firmeza al hombre atravesado por el resentimiento y el deseo de venganza.
La película también tiene una historia particular detrás de cámara: fue financiada mediante un sistema de aporte colectivo impulsado por la Comunidad Orsai, con la participación de más de 5.000 personas. Concebida inicialmente como una miniserie, finalmente se transformó en un largometraje que logra trasladar con éxito el universo de Casciari al cine, ofreciendo una combinación efectiva de humor, emoción y suspenso.
