Una proteína desarrollada en Argentina logró frenar el daño de quemaduras químicas en los ojos
El desarrollo experimental combina dos moléculas para reducir la inflamación y evitar que los vasos sanguíneos invadan la córnea después de una lesión química. Los ensayos realizados en ratas y conejos mostraron mejores niveles de transparencia ocular, aunque todavía no fue probado en personas.

Investigadores argentinos desarrollaron una proteína experimental que logró reducir el daño provocado por quemaduras químicas en la córnea durante ensayos realizados en animales. El método busca frenar la inflamación y evitar una de las principales complicaciones de estas lesiones: el crecimiento de vasos sanguíneos dentro de la córnea, que puede volverla opaca y comprometer seriamente la visión.
Las quemaduras químicas pueden producirse por el contacto del ojo con sustancias como lavandina concentrada, soda cáustica, cal o cemento. Estas lesiones representan alrededor del 8% de las consultas en guardias oftalmológicas y pueden avanzar rápidamente, destruyendo el tejido de la córnea y afectando su transparencia.
La nueva proteína fue diseñada a partir de la combinación de dos moléculas. Una es el SLPI, que tiene propiedades antiinflamatorias, y la otra es el cementoin, que permite que el compuesto permanezca adherido en la zona lesionada. Esta característica busca solucionar una de las dificultades de los tratamientos oftalmológicos: los colirios pueden eliminarse rápidamente por efecto de las lágrimas y el parpadeo.
El estudio incluyó ratas y conejos con quemaduras corneales. En los animales que no recibieron el tratamiento se observaron vasos sanguíneos en las capas de la córnea y, en algunos casos, también en zonas más profundas. En cambio, los ojos tratados con la proteína no presentaron vasos en esas capas. Además, la superficie afectada por la vascularización fue menor y, después de una semana, las córneas conservaron mejor su transparencia.
Los investigadores también detectaron una reducción de sustancias vinculadas con la inflamación y con el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos. El trabajo fue dirigido por Juan Eduardo Gallo, del Instituto de Investigaciones en Medicina Traslacional de la Universidad Austral y el CONICET, con la participación de investigadores de esa institución, la UBA y el CONICET.
Los resultados fueron publicados en el International Journal of Molecular Sciences. Por ahora, el desarrollo se encuentra en una etapa preclínica: todavía deberá atravesar estudios en personas para determinar su seguridad y eficacia antes de evaluar un eventual uso médico.
