Brad Pitt y un perro de combate enfrentan juntos la supervivencia en Alaska

En El corazón de la bestia, Brad Pitt interpreta a un exintegrante de las Fuerzas Especiales que queda atrapado en un territorio inhóspito tras sufrir un accidente aéreo junto a su perro Odín.

Brad Pitt protagoniza El corazón de la bestia, una película de acción y supervivencia dirigida por David Ayer en la que comparte buena parte de la historia con un ovejero alemán. El actor interpreta a James Belmont, un oficial retirado de las Fuerzas Especiales de Estados Unidos que vive en Alaska y disfruta de una vida tranquila hasta que un accidente aéreo lo deja aislado junto a Odín, su perro de combate.

James pilotea una avioneta acompañado por el animal cuando la aeronave se estrella en medio de un territorio inhóspito. Odín sale despedido antes de que el avión termine en un lago, y desde ese momento ambos deberán atravesar distintas situaciones de riesgo para encontrar un camino hacia la civilización.

El pasado militar de James aparece a través de sus recuerdos y pesadillas. El personaje revive a compañeros que murieron durante una misión y carga con las consecuencias de aquellas experiencias. Odín también tiene sus propias marcas: tiene cicatrices en el rostro, sueños perturbadores y una de sus patas amputada. La relación entre ambos se convierte así en el eje emocional de la película.

Como en Náufrago, donde el personaje de Tom Hanks encontraba compañía en una pelota de vóley llamada Wilson, James prácticamente no tiene a nadie más que a su perro. La diferencia es que aquí el protagonista debe desplazarse por un territorio peligroso mientras intenta sobrevivir a heridas, accidentes y ataques de distintos animales.

La película está construida principalmente alrededor de estos dos personajes. Aunque aparecen otras figuras en diferentes momentos, Brad Pitt ocupa buena parte del metraje y la relación con Odín sostiene el desarrollo de la historia.

El director de fotografía Mauro Fiore, ganador del Oscar por Avatar, aprovecha los paisajes de Alaska para construir buena parte de la puesta visual, con escenarios abiertos, secuencias bajo el agua y escenas de amaneceres y atardeceres.

Con una duración de 101 minutos, El corazón de la bestia apuesta por una historia de supervivencia centrada en dos personajes marcados por sus heridas y obligados a resistir juntos hasta encontrar una salida.

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