Gervais lleva su humor ácido a los gatos callejeros, pero la fórmula se vuelve repetitiva
La nueva serie animada de Netflix sigue a una pandilla de felinos sin hogar liderada por Gus, un gato misántropo al que le pone voz Ricky Gervais. Entre reflexiones sobre la vida y ataques a los humanos, el humor sexual y escatológico termina ocupando demasiado espacio.

“Gatos callejeros” es una comedia animada para adultos creada por Ricky Gervais, quien además presta su voz al protagonista, Gus. La producción cuenta con seis episodios de unos quince minutos y sigue a una pandilla de gatos callejeros que pasa sus días entre una casa abandonada y las calles de la ciudad.
La estructura se repite a lo largo de la serie. Gus y sus compañeros se reúnen en un sofá, miran documentales por televisión, conversan y salen a recorrer la ciudad mientras una trama apenas definida funciona como hilo conductor. La animación es sencilla y efectiva, en sintonía con unos personajes que no buscan ser particularmente adorables.
El principal atractivo está en la mirada de Gervais sobre las debilidades humanas. Los gatos cuestionan a los animales domésticos, hablan sobre la vida y la muerte y convierten a los seres humanos en el blanco permanente de sus críticas. En ese tono cínico y, por momentos, melancólico, aparecen ecos de “After Life”, la serie creada y protagonizada por Gervais sobre la pérdida y la viudez.
Hay algunos chistes efectivos y observaciones agudas, pero la propuesta pierde fuerza por la insistencia en el humor vulgar. Las referencias sexuales y escatológicas aparecen con tanta frecuencia que terminan funcionando como una fórmula repetida más que como un recurso humorístico.
La serie también alterna momentos de reflexión con extensas conversaciones y chismes entre los gatos. Cuando intenta abordar cuestiones existenciales, algunas escenas pueden resultar sentimentales o demasiado manipuladoras.
La mirada sobre la sociedad desde los márgenes, que podría haber sido uno de los elementos más interesantes, queda relegada. En su lugar, la producción apuesta reiteradamente por la idea de que una animación adulta debe recurrir al sexo y la grosería. En apenas seis episodios, esa decisión termina agotando una fórmula que tenía potencial para ofrecer bastante más.
