Al Pacino y Bill Skarsgård protagonizan un secuestro inspirado en un caso real
Gus Van Sant reconstruye la historia de un deudor que tomó como rehén al hijo de un prestamista para reclamar la cancelación de su deuda. El thriller combina tensión, humor y crítica social, con referencias directas a “Tarde de perros”.

“La negociación” recupera un caso policial ocurrido hace medio siglo y lo convierte en un thriller atravesado por la tensión, el humor y una mirada crítica sobre el sistema financiero. Dirigida por Gus Van Sant y protagonizada por Bill Skarsgård, la película cuenta la historia real de Tony Kiritsis, un hombre de clase media que, desesperado por una deuda que ya no podía pagar, decidió secuestrar al hijo del dueño de la financiera a la que debía dinero.
Kiritsis llegó a las oficinas de la empresa y tomó como rehén a la máxima autoridad que encontró. Para impedir que la policía interviniera, utilizó un particular mecanismo: ató mediante un alambre una escopeta al cuello de su víctima. El arma podía dispararse ante cualquier movimiento brusco, lo que obligó a los agentes a seguir la situación sin poder actuar directamente.
La tensión aumenta cuando el secuestrador traslada al rehén hasta su propia casa y anuncia que colocó explosivos en las puertas y ventanas. Desde allí, establece una serie de exigencias que incluyen la cancelación de su préstamo, una millonaria compensación, una disculpa pública del padre de la víctima y, además, inmunidad por los delitos cometidos.
Van Sant toma como referencia el documental “Dead Man’s Line”, estrenado en 2018, pero incorpora personajes y situaciones que amplían la dimensión social del caso. Skarsgård interpreta a un Tony violento, desesperado y al mismo tiempo ambiguo, muy alejado de los villanos que encarnó en “It” o “Nosferatu”.
Colman Domingo interpreta a un DJ que se convierte en interlocutor del secuestrador y funciona como intermediario entre su discurso y el público. Al Pacino, por su parte, encarna al padre de la víctima y dueño de la financiera.
La presencia de Pacino establece un vínculo inevitable con “Tarde de perros”, de Sidney Lumet. Como Sonny, el protagonista de aquella película, Kiritsis utiliza el secuestro y a los medios para instalar su versión de los hechos y presentarse como una víctima.
Van Sant también dialoga con “Poder que mata” y construye una mirada compasiva sobre quienes quedaron fuera del sistema. El resultado es un thriller que, detrás del crimen, plantea una reflexión sobre las deudas, la desigualdad, los medios y la necesidad de ser escuchado.
