El duelo se transforma en una pesadilla en un drama psicológico perturbador
Benedict Cumberbatch protagoniza “Esa cosa con alas”, una adaptación de la novela de Max Porter sobre la muerte, la paternidad y la dificultad de procesar una pérdida. Un cuervo gigante se convierte en la manifestación física de un dolor que el protagonista no puede controlar.

“Esa cosa con alas” propone una mirada poco convencional sobre el duelo a través de un hombre que intenta sobrevivir a la muerte repentina de su joven esposa mientras debe hacerse cargo de sus dos hijos pequeños. Benedict Cumberbatch interpreta a un dibujante de cómics que, en medio de la crisis emocional, comienza a convivir con una presencia tan inquietante como inexplicable: un cuervo de casi dos metros que parece acosarlo desde el fallecimiento de su mujer.
La película, dirigida por Dylan Southern, adapta la novela “La cosa con plumas”, de Max Porter, quien también participó en la escritura del guion. La historia toma como punto de partida la experiencia del propio autor frente a la pérdida de su esposa y convierte el dolor en una figura concreta, amenazante y difícil de ignorar.
El protagonista, al que nunca se le conoce el nombre y que es identificado simplemente como Papá, atraviesa además una profunda crisis como padre. Debe cuidar y comprender a sus hijos mientras intenta lidiar con una pena que lo desborda. El Cuervo, que funciona también como una especie de conciencia, le recuerda permanentemente sus dificultades para ejercer ese rol.
Cumberbatch construye una interpretación intensa, que excede las expresiones físicas y las contorsiones que exige el personaje. Sus miradas, sus silencios y las escenas que transcurren entre sueños y pesadillas transmiten la fragilidad de un hombre que pierde progresivamente el control sobre aquello que considera real.
Eric Lampaert interpreta físicamente al Cuervo, una presencia que obliga al espectador a decidir si acepta las reglas de la película o queda fuera de su particular registro narrativo. Los niños son interpretados por Henry y Richard Boxall, hermanos también fuera de la pantalla.
Con apenas 98 minutos, la película combina drama familiar y horror psicológico para representar un duelo que se vuelve monstruoso. No es una experiencia cinematográfica convencional ni una propuesta para todos los públicos, pero encuentra en Cumberbatch a un protagonista capaz de sostenerla con enorme intensidad.
