Jane Schoenbrun reinventa el terror ochentoso con una mirada queer y surrealista
La directora estadounidense recupera los códigos del cine slasher de bajo presupuesto y los combina con humor, sexo, identidad y una relación cada vez más extraña entre una cineasta y la actriz que quiere para su película.

Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma recupera el espíritu del cine de terror de los años 80 para transformarlo en una película mucho más personal y surrealista. Dirigida por Jane Schoenbrun, la producción toma como punto de partida los clásicos slasher y las películas de clase B para construir una historia que también reflexiona sobre el arte, la identidad, Hollywood y la relación entre quienes crean una obra y quienes la protagonizan.
La protagonista es Kris, interpretada por Hannah Einbinder, conocida por Hacks. Después de obtener un importante reconocimiento en Sundance, decide concretar un proyecto que la obsesiona desde hace años: realizar una nueva versión de una película de terror de bajo presupuesto de los 80.
La producción original tenía como villano a Pequeña Muerte, también llamado el Hombre del Ventilador, un asesino que regresaba desde el fondo de un lago. La referencia a Jason, de Martes 13, es evidente, aunque Schoenbrun utiliza ese universo para construir algo diferente.
Kris quiere que Billy Presley, la protagonista de la película original, vuelva a interpretar su papel. El personaje está encarnado por Gillian Anderson y vive alejada de Hollywood, precisamente en el antiguo campamento donde se filmó aquella producción.
A partir del encuentro entre ambas mujeres, la película comienza a abandonar progresivamente la parodia inicial y se interna en un territorio cada vez más extraño. La relación entre directora e intérprete se convierte en el centro de la historia, atravesada por la atracción, la obsesión y una tensión que modifica el rumbo de la narración.
Schoenbrun incorpora además una mirada sobre la representación cultural y la identidad. Kris considera que la película original era transfóbica y pretende reformular ese universo desde una perspectiva queer.
El humor y los momentos absurdos conviven con escenas de violencia y terror, mientras la historia se vuelve progresivamente más surrealista.
La película tuvo su estreno mundial en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes y reafirma a Schoenbrun como una de las voces más singulares del cine independiente fantástico. Su propuesta no busca simplemente homenajear al slasher: intenta apropiarse de sus códigos para construir una identidad cinematográfica propia.
