De figura viral en el Mundial a actor en Netflix: el giro inesperado de un islandés
Rúrik Gíslason pasó de ser furor global por su imagen en Rusia 2018 a construir una nueva carrera en el cine y la televisión.

El Mundial de Rusia 2018 no solo dejó goles y sorpresas deportivas, sino también fenómenos inesperados fuera de la cancha. Uno de ellos fue Rúrik Gíslason, mediocampista de Islandia que, tras el empate ante la Argentina, se volvió viral en todo el mundo. Su apariencia —cabello rubio, ojos celestes y un físico imponente— lo convirtió en cuestión de horas en el “jugador más sexy” del torneo, un título que lo catapultó a la fama global más allá de su desempeño futbolístico.
Lejos de capitalizar esa notoriedad dentro del deporte, Gíslason tomó una decisión drástica: en 2020 se retiró del fútbol profesional y comenzó una nueva etapa completamente distinta. Con 53 partidos en la selección islandesa, decidió reinventarse y explorar otras facetas, primero en el mundo empresarial y luego en el entretenimiento.
Sus primeros pasos incluyeron el lanzamiento de una marca de ginebra premium y una línea de ropa urbana, proyectos que no lograron sostenerse en el tiempo. Sin embargo, fue en el modelaje y la actuación donde encontró un camino más sólido. Participó en campañas publicitarias y debutó en el cine con un papel en una comedia de acción islandesa, lo que marcó el inicio de su carrera actoral.
Un punto de inflexión fue su participación en el programa alemán “Let’s Dance”, donde sorprendió al público y se consagró ganador. Esa exposición le abrió nuevas puertas en la industria audiovisual europea, permitiéndole sumar roles en distintas producciones.
Hoy, a los 38 años, su recorrido encuentra un nuevo impulso con su participación en “Comer, rezar, ladrar”, disponible en Netflix. Allí interpreta a un personaje excéntrico vinculado al mundo espiritual y al entrenamiento canino, consolidando una transformación poco común: la de un futbolista que logró reinventarse como figura del entretenimiento internacional.
