Alquileres en tensión: suben con la inflación, pero los ingresos no acompañan
El mercado se ordenó tras el fin de la ley, pero la brecha entre precios y salarios complica tanto a inquilinos como a propietarios.

El mercado de alquileres en la Ciudad de Buenos Aires atraviesa una etapa de mayor previsibilidad, pero con una tensión creciente que impacta en toda la cadena. Tras la eliminación de la ley de alquileres y la generalización de los ajustes por inflación, la oferta se amplió y los valores comenzaron a moverse con mayor lógica económica. Sin embargo, el principal problema hoy ya no es encontrar una propiedad, sino poder sostenerla en el tiempo.
En los primeros meses del año, los alquileres continuaron ajustándose por IPC, mientras que los ingresos quedaron rezagados. Esta dinámica generó que cada vez más hogares destinen entre el 35% y el 50% de sus ingresos al pago de la vivienda, con casos que incluso superan ese umbral. Frente a este escenario, muchas familias reorganizan sus gastos, recortan consumos o buscan alternativas más económicas.
El fenómeno también empieza a modificar comportamientos: crecen los alquileres compartidos, se postergan mudanzas y, en algunos casos, se vuelve a convivir para reducir costos. El acceso inicial a una vivienda también se vuelve más difícil por los gastos asociados, como depósitos, adelantos y garantías.
Del lado de los propietarios, la situación tampoco es lineal. Si bien el mercado ofrece más certezas, la fijación de precios se volvió un factor crítico. Valores por encima de lo que el mercado puede absorber derivan en unidades vacías durante meses, lo que obliga a realizar ajustes a la baja para concretar operaciones.
La dinámica actual muestra un sistema más ordenado desde la oferta, pero aún desbalanceado en términos de acceso. Sin un acompañamiento de los ingresos, la brecha entre alquileres y salarios se consolida como el principal desafío estructural del sector, con efectos que comienzan a sentirse tanto en la demanda como en la rentabilidad de los propietarios.
