Escaso respaldo interno a la ofensiva y un frente político complejo para Trump

Los primeros sondeos realizados en Estados Unidos tras el inicio de los ataques contra Irán muestran un apoyo social muy limitado a la ofensiva militar y anticipan un escenario político adverso para la Casa Blanca en un año electoral clave. Una encuesta de Reuters/Ipsos reveló que apenas el 27% de los estadounidenses avala los bombardeos ordenados por el presidente Donald Trump, mientras que el 43% los desaprueba y casi un tercio se declara indeciso. Un relevamiento paralelo de la cadena CNN arrojó cifras similares: cerca de seis de cada diez ciudadanos rechazan la acción militar y temen que derive en un conflicto prolongado.

Los datos reflejan un clima de escepticismo generalizado, atravesado por la cercanía de las elecciones legislativas de noviembre, en las que Trump pone en juego el control del Congreso. La mayoría de los encuestados cuestiona la falta de un plan claro: el 60% considera que el presidente no definió una estrategia precisa y el 62% sostiene que cualquier escalada militar debería contar con aval del Congreso. Entre los independientes —un electorado decisivo en los comicios de medio término— predomina la cautela, con altos niveles de rechazo a una guerra extensa.

Incluso dentro del Partido Republicano aparecen fisuras. Si bien una mayoría de votantes republicanos respalda inicialmente los ataques, un porcentaje significativo advierte que retiraría su apoyo si el conflicto genera bajas estadounidenses o impacta en el precio de los combustibles. En ese punto, la política exterior se cruza con la economía: casi la mitad de los consultados dijo que sería menos proclive a acompañar la ofensiva si la suba del petróleo presiona sobre la inflación y el costo de vida.

El antecedente histórico de la guerra de Irak sobrevuela el debate. Aquella intervención comenzó con amplio respaldo popular, pero el apoyo se erosionó a medida que el conflicto se extendió y crecieron las bajas, con un alto costo electoral para el oficialismo. Analistas advierten que Trump enfrenta riesgos similares si no logra una resolución rápida.

En ese contexto, el presidente insiste en que la ofensiva durará “cuatro o cinco semanas”, aunque reconoce que habrá más víctimas. Sin un consenso social claro y con señales de desgaste prematuro, el camino hacia las elecciones aparece empinado y condicionado por la evolución del conflicto y sus efectos económicos internos.

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