La infiltrada: el thriller español que aborda una historia real
Una mujer infiltrada en la ETA durante ocho años inspira un thriller tenso y emocional, ganador del Goya a Mejor Película, que explora terrorismo, identidad y violencia de género.

La infiltrada, dirigida por Arantxa Echevarría, reconstruye la historia real de Aranzazu Berradre Marín, una agente de la Policía Nacional que se infiltró en la organización terrorista ETA durante casi una década en los años ’90. La película, ganadora del Goya a Mejor Película, se apoya en un registro de thriller dramático que combina tensión extrema, dilemas emocionales y una profunda lectura sobre la identidad.
La protagonista, interpretada con contundencia por Carolina Yuste —también premiada por su actuación—, asume una misión sin reconocimiento y en absoluto secreto: hacerse pasar por etarra, convivir con jóvenes terroristas y reportar información mínima pero crucial. Sin portar armas ni participar en atentados, su tarea consiste en dar albergue a miembros de la organización, primero a Kepa, desconfiado y hermético, y luego a Sergio Polo, aún más violento y misógino, cuya presencia eleva el riesgo al límite.
Arantxa, aislada de su familia y amigos, queda atrapada en un contexto donde su única compañía afectiva es su gato, condición que impone para aceptar el operativo. El filme convierte esa soledad en un eje narrativo central: la vida paralela de la infiltrada la va despojando de vínculos, certezas y hasta de su propio yo.
La película introduce además una perspectiva singular: al elegir a una mujer como agente encubierta, la narración exhibe no solo el terrorismo político, sino también una forma de “terrorismo de género” expresado en violencias cotidianas, desconfianzas y sometimientos. El vínculo entre Arantxa y Angel —su enlace policial interpretado por Luis Tosar— aporta respiración emocional y revela las grietas internas del operativo.
Más que un relato de acción, La infiltrada es un retrato íntimo sobre el costo humano de vivir entre dos mundos. Su fuerza reside en las actuaciones y en una tensión que nunca se libera del todo.
