“Jay Kelly”, o cómo George Clooney se mira al espejo

A George Clooney lo hemos visto en papeles de todo tipo, y encarnando a tipos de todos los papeles. Cada cual tendrá su actuación favorita: el marido engañado en Los descendientes figura entre sus mejores interpretaciones. También ha logrado grandes roles protagónicos dirigido por los hermanos Coen, jugando a ser un abogado de divorcios enamorado y volcándose decididamente a la comedia en Quémese después de leerse.

Bueno, también fue Batman. Lo que nunca había sido hasta ahora es una estrella de Hollywood. O sea, una estrella de Hollywood en la pantalla. El propio Clooney ha dicho que aceptó de inmediato la invitación de Noah Baumbach cuando le ofreció ser el Jay Kelly del título. Tal vez el convite fue cercano en el tiempo a Historia de un matrimonio, tal vez su mejor película, y seguramente confiando en que el talento del director de Margot y la boda a la hora de crear personajes, escribir sus líneas de diálogo, se mantendría en la cumbre.

Ni tanto ni tan poco, Jay Kelly es una comedia con toques de drama, o un drama pincelado con apuntes humorísticos, como prefiera verlo cada uno. El protagonista lo único que comparte con Clooney es su rostro y su fama, pero seguramente lo pusilánime que es Jay sea la contracara del actor de Gravedad, Michael Clayton y Amor sin escalas.

También, Jay y Clooney tienen en común que se saben meter a la gente en el bolsillo. Son entradores, pero Jay tiene varios secretos que ocultar en su pasado, se lleva, no mal, sino pésimo con su hija, y es tan inseguro como los peores intérpretes, de Hollywood o de cualquier cinematografía.

La trama se centra en él, un actor que a regañadientes acepta recibir un premio en su honor en un festival de Italia, y si lo hace es porque quiere recuperar la relación que alguna vez tuvo con su hija, que estará viajando por allí, pero por su cuenta, y él quiere sorprenderla.

Las cosas no saldrán bien ni como él lo esperaba ya mucho antes de dejar los Estados Unidos, ya que un reencuentro con un ex compañero de estudios (Billy Crudup, al borde de las candidaturas en la temporada de premios como actor de reparto) no termina, cómo decirlo con eufemismos y sin spoilear, como debería.

Jay Kelly trata seguramente sobre la redención. Para llegar a ello, Noah Baumbach debe hacernos creer que Jay la necesita para seguir mirando el futuro, hacia adelante, no tanto como figura pública sino como un ser común. Nos tiene que interesar Jay más como persona, no como artista.

Entre tanto, el guion le da lugar, espacio y letra a su manager (casi) incondicional, interpretado por un Adam Sandler que no hace todas sus morisquetas, sino que está más atento a parecer una persona de lo más corriente. Y le sale bien.

También aparece la publicista de Jay, interpretada por Laura Dern, quien se había lucido más y mejor ya trabajando con Baumbach como la abogada de Scarlett Johansson en Historias de un matrimonio, por la que ganó un Oscar. Y Jim Broadbent. E Isla Isher. Y Patrick Wilson, Emily Mortimer,y hasta la esposa del director, Greta Gerwig, la realizadora de Barbie.

Mucho se empieza a hablar de

Jay Kelly como probable candidata al Oscar, tal vez una expresión de deseo de alguien más que una realidad. ■

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