Murió Griselda Gambaro, una figura fundamental del teatro argentino

La dramaturga tenía 98 años y había construido una obra central de la cultura argentina con títulos como El desatino, La malasangre y Antígona furiosa. Exiliada durante la dictadura, fue también una de las protagonistas de Teatro Abierto.

Griselda Gambaro, una de las figuras más importantes de la dramaturgia argentina, murió a los 98 años, dos meses después del fallecimiento de su marido, el escultor Juan Carlos Distéfano. Sus restos fueron despedidos en Casa Malabia, donde familiares, amigos y representantes del mundo de la cultura acompañaron a la autora.

Nacida el 28 de julio de 1928 en Barracas, Gambaro creció en una familia humilde de La Boca. Desde muy joven desarrolló una relación intensa con la lectura y comenzó a escribir mientras trabajaba como secretaria en la editorial Espasa Calpe y en el club Independiente. Su ingreso definitivo a la literatura llegó con Madrigal en ciudad, publicado en 1963, un conjunto de tres novelas breves que recibió el Premio del Fondo Nacional de las Artes.

Dos años después, El desatino obtuvo el Premio Emecé y marcó además su ingreso a la dramaturgia. La obra, estrenada en el Instituto Di Tella, generó fuertes críticas, pero también consolidó el nombre de Gambaro. A partir de entonces escribió piezas como Viaje de invierno, Las paredes, Los siameses y El campo, entre otras.

Durante la dictadura militar debió exiliarse en Barcelona. Su novela Ganarse la muerte fue prohibida por un decreto firmado por Jorge Rafael Videla y el ministro del Interior Albano Harguindeguy. Regresó al país a comienzos de los años 80 y participó activamente de Teatro Abierto, el movimiento cultural que reunió a autores, actores, directores y trabajadores del teatro como respuesta a la censura y la fragmentación impuestas por la dictadura. Allí estrenó Decir Sí.

Su producción posterior abordó reiteradamente las consecuencias de aquellos años, con obras como Antígona furiosa, La casa sin sosiego y Atando cabos. También reinterpretó clásicos, como ocurrió con Querido Ibsen, soy Nora, estrenada en 2013.

A lo largo de su carrera recibió numerosos reconocimientos, entre ellos el Gran Premio de Honor de Argentores, el Premio Konex, un Doctorado Honoris Causa del IUNA y la distinción de Ciudadana Ilustre de Buenos Aires. En 2005 se convirtió en la primera mujer en pronunciar el discurso inaugural de la Feria del Libro de Buenos Aires.

Con su muerte desaparece una autora cuya trayectoria atravesó más de seis décadas de la cultura argentina y dejó una extensa obra teatral y narrativa.

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