Murió Carlos Alonso a los 97 años, tras una vida marcada por el arte y la memoria
El pintor, dibujante, grabador e ilustrador falleció en Unquillo, Córdoba, donde había instalado su hogar-taller. Su obra atravesó la literatura, la crítica social y el horror de la dictadura.

A los 97 años murió Humberto Carlos Alonso en su refugio de Unquillo, Córdoba. Considerado uno de los maestros de la pintura argentina, dejó un extenso acervo como pintor, dibujante, grabador e ilustrador, con una trayectoria atravesada por la literatura, la crítica social, la violencia política y la tragedia personal.
Nacido el 4 de febrero de 1929 en Tunuyán, Mendoza, manifestó desde pequeño su inclinación por el dibujo. Se formó en la Universidad Nacional de Cuyo bajo la guía de Lino Enea Spilimbergo, Sergio Sergi y Lorenzo Domínguez. Spilimbergo tuvo una influencia central en su formación, especialmente por su rigor en el dibujo y su compromiso con la realidad política y social.
En los años 50, después de obtener el Primer Premio del Salón de Pintura de San Rafael, se trasladó al Norte argentino y luego a Tucumán. Allí desarrolló un lenguaje expresionista enfocado en la explotación rural, la pobreza y la fragilidad humana.
En 1957 se radicó en Buenos Aires y ganó el concurso de Emecé para ilustrar la segunda parte de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. El trabajo lo llevó a Londres y proyectó internacionalmente su obra. Luego ilustró El Matadero, La Divina Comedia, Martín Fierro y textos de Franz Kafka.
Durante los años 60 desarrolló la serie Carnicería, donde utilizó la carne como metáfora de la violencia y la mercantilización de la vida. También realizó La lección de anatomía, basada en Rembrandt y vinculada con las imágenes del cadáver del Che Guevara.
El golpe militar de 1976 y la censura de sus obras lo llevaron al exilio en Roma. En junio de 1977, su hija Paloma fue secuestrada y desaparecida en Buenos Aires. Esa tragedia marcó su producción posterior, especialmente la serie Manos Anónimas (1981), convertida en una referencia del arte vinculado con la memoria y los desaparecidos.
Luego regresó a la Argentina y se instaló definitivamente en Unquillo, donde continuó trabajando y recibió a jóvenes artistas e intelectuales. Guillermo Roux, Luis Felipe Noé y Mercedes Sosa destacaron, cada uno desde su perspectiva, la potencia de su dibujo, su compromiso y la capacidad de convertir el dolor en expresión artística.
