Los alumnos argentinos de mayores ingresos rinden como sectores vulnerables de países desarrollados

Un informe basado en pruebas internacionales como PISA muestra que los estudiantes más ricos de Argentina alcanzan desempeños similares o inferiores a los alumnos más pobres de países desarrollados. Especialistas advierten fallas estructurales en el sistema educativo.

En Argentina, el nivel socioeconómico no garantiza mejores resultados educativos. Así lo muestran los datos de la última edición de la prueba PISA 2022, que comparan el rendimiento de estudiantes de 15 años en distintos países y permiten observar fuertes contrastes entre sistemas educativos.

Según los resultados, los alumnos argentinos pertenecientes al 25% de hogares de mayor nivel socioeconómico obtuvieron en Matemática un promedio de 420 puntos. Ese desempeño apenas iguala al de los estudiantes más pobres de países como Francia o Estados Unidos, y queda por debajo del cuartil más vulnerable de Italia (430), España (434) y Reino Unido (458). La brecha se amplía aún más frente a sistemas de alto rendimiento: incluso los sectores más humildes de Singapur, Macao y Hong Kong superan ampliamente a los estudiantes más favorecidos de la Argentina.

El informe también señala un dato crítico: el 51% de los alumnos argentinos del nivel socioeconómico más alto no alcanza el nivel básico en Matemática, una proporción superior a la registrada en varios países desarrollados incluso entre sus sectores más vulnerables.

A esto se suma un fenómeno creciente de ausentismo escolar. Un relevamiento reciente indica que 4 de cada 10 estudiantes secundarios reconocen faltar a clases porque “no tienen ganas”, cifra que en escuelas privadas asciende al 49%.

Especialistas consultados atribuyen el problema a factores estructurales. Cecilia Veleda sostiene que las debilidades en la formación, carrera y condiciones laborales docentes afectan la calidad de la enseñanza en todos los niveles sociales, limitando el impacto del capital económico familiar en el rendimiento escolar.

En la misma línea, Claudia Romero señala que el clima escolar en Argentina es “débil y desordenado”, con interrupciones constantes, bajo tiempo efectivo de aprendizaje y altos niveles de ausentismo, lo que deteriora el proceso educativo incluso en contextos más favorecidos.

Por su parte, Florencia Salvarezza apunta a cambios en los enfoques pedagógicos desde los años 90 y a déficits en la enseñanza de contenidos básicos como lectura, escritura y matemática. En conjunto, el diagnóstico coincide en que el problema excede lo socioeconómico y refleja un deterioro sistémico del sistema educativo argentino.

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