La Argentina salió a festejar una final soñada: del Obelisco a los barrios, una noche inolvidable
Miles de hinchas coparon las calles porteñas después del triunfo épico ante Inglaterra y transformaron la clasificación al partido decisivo del Mundial en una celebración colectiva cargada de emoción, recuerdos y orgullo nacional.

La victoria de la selección argentina frente a Inglaterra no terminó con el pitazo final en Atlanta. Apenas consumada la remontada que depositó al equipo de Lionel Scaloni en una nueva final del Mundial, las calles de Buenos Aires comenzaron a teñirse de celeste y blanco. El epicentro volvió a ser el Obelisco, donde miles de personas llegaron entre bocinazos, banderas y cánticos para celebrar una noche que muchos ya comparan con las grandes gestas del fútbol argentino.
La Avenida 9 de Julio quedó tomada por hinchas con camisetas de Lionel Messi, Diego Maradona y la selección. Familias enteras, grupos de amigos y generaciones completas se abrazaron para compartir una alegría que trascendió lo deportivo. “No tengo palabras para describir lo que significa haberle ganado a Inglaterra. No tenemos palabras de agradecimiento para todo lo que nos hace vivir esta selección”, expresó Patricia Orilo, una hincha que celebró en Cabildo y Juramento.
El festejo también se multiplicó por distintos barrios porteños como Palermo, Belgrano, Caballito y Villa Urquiza. En cada esquina se repitieron los mismos cantos: “El que no salta es inglés” y “Que de la mano de Leo Messi toda la vuelta vamos a dar”. Las banderas argentinas aparecieron en balcones, autos y plazas, mientras los más chicos vivieron una noche que sus familias prometen recordar durante años.
Para muchos hinchas, el triunfo tuvo además una carga histórica especial por la rivalidad con Inglaterra y el recuerdo de los cruces mundialistas anteriores. “Ganarle a Inglaterra siempre tiene algo distinto”, explicó Martín Gutiérrez, que salió a festejar junto a su hijo de cinco años.
La celebración se extendió hasta Plaza Italia, donde cientos de personas continuaron cantando y sacándose fotos con la camiseta argentina. Entre lágrimas y abrazos, la sensación fue compartida: no era solamente una clasificación a una final, sino la oportunidad de volver a vivir una de esas noches que quedan grabadas en la memoria colectiva.
