Muerte de anestesiólogo en Palermo destapa red de drogas hospitalarias y fiestas clandestinas

La muerte de un joven médico en la Ciudad de Buenos Aires abrió una investigación que va más allá del caso individual y expone una posible trama de robo y consumo de anestésicos de uso hospitalario en ámbitos privados. El episodio encendió alarmas en el sistema de salud y derivó en denuncias, renuncias y auditorías internas.
Alejandro Zalazar, de 29 años, fue encontrado sin vida en su departamento de Palermo con una vía intravenosa colocada y elementos de uso médico a su alrededor. No había signos de violencia, pero las primeras evidencias apuntan al consumo de sustancias como propofol y fentanilo, drogas que no se consiguen fuera del circuito sanitario.
La causa quedó en manos de la Justicia, que ordenó peritajes toxicológicos, análisis del teléfono del médico y estudios sobre la trazabilidad de los fármacos hallados. En paralelo, surgieron indicios de que estos medicamentos podrían haber sido sustraídos de instituciones médicas, lo que abrió una línea de investigación más amplia.
Un audio que circuló entre profesionales de la salud describe reuniones privadas donde se utilizaban estas sustancias con fines recreativos, incluso mediante bombas de infusión y bajo prácticas de riesgo extremo, como la inducción de estados de apnea con asistencia manual entre los participantes.
El escándalo ya tuvo consecuencias: hubo renuncias y licencias en centros de salud, además de investigaciones internas para determinar responsabilidades. Las instituciones involucradas aseguran haber denunciado los hechos y reforzado los controles sobre medicamentos sensibles.
Especialistas advierten sobre la peligrosidad del propofol, un anestésico de rápida acción que puede provocar sedación profunda y paro respiratorio, lo que vuelve su uso fuera de un entorno médico extremadamente riesgoso. La investigación busca determinar si la muerte del médico está directamente vinculada a esta red.
