El Papa cerró su visita a Francia con una misa por la paz en Metz, símbolo de la unidad europea
Fue en la catedral de Saint Etienne, con la asistencia del presidente Macron y los duques de Luxemburgo. Fue en el último de sus cuatro días en el país.

Una multitud de razas, religiones y nacionalidades en las calles de Metz y en comunión para ver al papa León XIV rumbo a la misa de la paz. Con su sotana blanca, despacio, pero con mucha seguridad por las calles estrechas de esta ciudad que simboliza la reconciliación francoalemana y el origen de los cantos gregorianos, el Papa saludaba, bendecía al público y a los bebitos que le acercaban.
En la catedral de Saint Étienne, sobre una alfombra colorada, el Papa rezó frente al altar antes de saludar a obispos, sacerdotes y diáconos. Abre los brazos y la gente le toma la mano, le besa el anillo. Hablaba con los jóvenes sacerdotes, con los seminaristas. Y luego con los discapacitados, en sus sillas de ruedas, no solo saludaba, sino que escuchaba, bendecía, tocaba.
En la primera fila, el presidente Emmanuel Macron y su esposa Brigitte, vestida de negro, junto a los duques de Luxemburgo y su primer ministro. Es la segunda vez que Macron va a una misa durante su gestión. La anterior fue en Marsella frente al papa Francisco.
Ellos eran testigos de este fenómeno que durante cuatro días se vivió en Francia y que concluyó ayer. Un millón de franceses, de todas las religiones, movilizados para escuchar al Papa en la Place de la Concorde y otros miles en Lourdes y en Metz, en devoción y búsqueda de la paz. Un papa misionero y pastor en acción. Un gran éxito para el arzobispo de Marsella, el cardenal y monseñor Jean Marc Aveline, a quien le costó convencer al Papa y al Vaticano de que debía llegar antes de las elecciones francesas en 2027.
La Misa “por la Salvaguarda de la Paz y la Justicia”, que el Papa León XIV celebró en la Catedral de Metz, es una innovación de la reforma litúrgica surgida del Concilio Vaticano II. Sus oraciones fueron escritas en el contexto de nuevos tipos de guerra, como las de Vietnam y Biafra.
A diferencia del antiguo rito, que incluía una Misa “por la Paz”, esta Misa ya no se limita a pedir el fin de los combates. Más bien, en consonancia con la constitución pastoral del Concilio, Gaudium et Spes, concibe la paz como fruto de la justicia, enfatizando la responsabilidad de cada Iglesia, de cada comunidad, de abrazar la paz y la justicia en oración y en acciones.
En consonancia con la lógica de la Misa “para salvaguardar la paz y la justicia”, León XIV, con una casulla blanca con pequeñas líneas doradas, subrayó que la paz solo existe mediante “un esfuerzo compartido” de todos. El perdón no es ni una “debilidad” ni una “capitulación ante el mal”, dijo el Papa en su homilía. Recordando que la región del Mosela es “una tierra desgarrada en el pasado por conflictos fratricidas”, subrayó “que no es cierto que quien busca venganza sea más fuerte que quien perdona”, “que quien no cede sea más fuerte que quien busca la reconciliación”.
“Metz y la región del Mosela dan testimonio al mundo de que la reconciliación solo es posible cuando se tiene el valor de romper la cadena del resentimiento”, dijo, aludiendo a la unidad europea, del cual la ciudad es un símbolo. Alli vivió Robert Schuman, considerado uno de los fundadores de la comunidad europea. León XIV destacó hasta qué punto la “herencia espiritual y moral” del cristianismo nutrió los “valores” de Europa.
“Los principios morales del mundo en que vivimos nos han sido transmitidos desde allí: principios como la primacía de la persona y el carácter sagrado e inviolable de la vida humana, en todas sus etapas y en todas sus condiciones; la protección de la libertad de los individuos; la importancia primordial de la familia como fundamento de la sociedad; la atención a los pobres y a los más necesitados; la acogida al forastero, el respeto a los ancianos”, describió.
El Papa mencionó las vidrieras de Marc Chagall que adornan la catedral de Metz. “Las obras de este gran pintor judío la transforman en un extraordinario símbolo de ecumenismo y diálogo interreligioso”, señaló. “Al contemplar estos vitraux, aprendemos que el futuro de Europa no reside en la uniformidad, sino en la armonía de las diferencias, donde las heridas del pasado se convierten en una abertura por la que brilla la luz”, insistió el Papa estadounidense, aclarando su visión de Europa.w
