Resident Evil vuelve a empezar con humor negro y un protagonista inesperado

La octava película de la franquicia abandona a sus personajes tradicionales y apuesta por una historia más cercana a la comedia de terror. Zach Cregger convierte al nuevo protagonista en un repartidor precarizado que debe atravesar una ciudad infestada de zombis.

A casi tres décadas de la aparición del videojuego original en PlayStation, Resident Evil vuelve a empezar en el cine con Resident Evil: Noche Cero, la octava película de la saga y su segundo reinicio. Esta vez, el director Zach Cregger, responsable de Bárbaro y La hora de la desaparición, decidió apartarse de buena parte de las referencias conocidas de la franquicia.

No están Alice ni Leon, los personajes que protagonizaron anteriores entregas. En su lugar aparece Bryan, interpretado por Austin Abrams, un repartidor precarizado que trabaja para una empresa de mensajería vinculada con el sistema de salud. Su misión consiste en llevar un misterioso paquete hasta el Hospital General de Raccoon City.

La historia transcurre durante una única noche y convierte el recorrido de Bryan en una suerte de camino del héroe. El protagonista debe atravesar distintos escenarios plagados de peligros, en una estructura que recuerda a los niveles de un videojuego. Las referencias directas al material original son escasas y los guiños a la jugabilidad aparecen apenas en algunos momentos, incluida una breve aproximación a la perspectiva en primera persona.

Bryan funciona como el clásico hombre común enfrentado a una situación extraordinaria. Es algo torpe y simpático, pero también tiene una convicción que lo impulsa a completar su tarea. El principal cambio de tono llega con el humor, que ocupa un lugar central y aleja a la película de la solemnidad de otras entregas.

Cregger se acerca así al espíritu de Sam Raimi y combina terror, gore y horror corporal con situaciones destinadas a provocar risas. La película también evita depender de efectos digitales para las escenas sangrientas, lo que permite construir imágenes más físicas y llamativas.

Aunque es la obra menos interesante del director, mantiene su capacidad para administrar los sustos y sorprender al espectador. El conflicto entre las necesidades individuales y las responsabilidades colectivas también aparece en la historia, con la idea de que nadie puede sobrevivir completamente solo.

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