Una historia sobre el amor, la incertidumbre y las ganas de vivir
La película de Isabel Coixet, protagonizada por Alba Rohrwacher y Elio Germano, sigue a una mujer que enfrenta una separación inesperada y un diagnóstico de cáncer. El drama combina momentos de dolor con una mirada luminosa, esperanzadora y sutilmente irónica.

En Tres adioses, Isabel Coixet vuelve a poner el foco en los vínculos personales y en un personaje femenino que atraviesa una transformación profunda. La protagonista es Marta, interpretada por Alba Rohrwacher, una profesora de educación física y exdeportista que mantiene una relación con Antonio, encarnado por Elio Germano.
La historia comienza cuando ambos asisten juntos a la inauguración de una muestra. Marta no disfruta especialmente de ese tipo de encuentros sociales y lo deja en claro. Más tarde, ya en la intimidad de su casa, Antonio le propone hacer una pausa en la relación. No queda del todo claro qué lo llevó a tomar esa decisión y Marta queda desconcertada frente a una ruptura que no esperaba.
Poco después comienza a sufrir fuertes dolores estomacales. Una consulta médica deriva en un diagnóstico inesperado: tiene cáncer. A partir de ese momento, la película cambia su recorrido y acompaña a Marta mientras intenta comprender qué quiere para su vida y cómo enfrentar un futuro que acaba de adquirir otra dimensión.
La protagonista comienza a acercarse a otro profesor del lugar donde trabaja y, al mismo tiempo, revisa sus propias decisiones. El diagnóstico no funciona únicamente como un elemento dramático, sino como un punto de quiebre que la lleva a tomar las riendas de su existencia.
La película tiene un antecedente temático en Mi vida sin mí (2003), también dirigida por Coixet, donde una joven con cáncer terminal decide vivir con intensidad el tiempo que le queda. En Tres adioses, el relato se construye a partir de momentos, dudas, arrepentimientos y reencuentros.
Rohrwacher consigue transmitir vulnerabilidad, determinación, ironía y ternura. Los personajes que la rodean también atraviesan cambios y cuestionamientos. El resultado es una película que encuentra esperanza incluso frente a un diagnóstico irreversible y que llega a un desenlace emocionante, donde los vínculos y el deseo de vivir ocupan el centro de la historia.
