La UE le ofrece a Canadá ser el primer “miembro asociado”

Lo propuso la jefa de la Comisión Europea al premier Mark Carney. Es un hecho inédito que marca una mayor distancia de los canadienses con EE.UU.

En un hecho sin precedentes, la presidenta de la Comisión Europea, la conservadora alemana Úrsula Von der Leyen, ofreció ayer miércoles a Canadá convertirse en el primer “Estado miembro asociado” a la Unión Europea (UE).

“Me gustaría trabajar con usted en abrir la puerta para que Canadá sea el primer miembro asociado de la UE”, le dijo Von der Leyen al premier Mark Carney, suscitando una ovación de pie en la Eurocámara.

Ese estatus no existe en los tratados europeos, ni está claro hasta dónde llegaría la oferta de Von der Leyen, como tampoco la dirección de la política exterior del bloque, bajo control, por unanimidad, de los gobiernos nacionales.

Pero la oferta fue hecha, además, a sabiendas de que entre los gobiernos que habían sido informados a través de sus embajadores había escepticismo, más allá de que las relaciones con Canadá son excelentes, sobre todo desde la vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca.

La oferta no tiene precedentes y ni siquiera Canadá es el país no miembro de la UE con relaciones más estrechas con el bloque.

La geografía (y los acuerdos firmados durante décadas) mandan. Las relaciones de países como Noruega, Islandia, el Reino Unido y los balcánicos (que tienen estatus de “países candidatos” y que aspiran a entrar al bloque entre finales de esta década y la siguiente) son mucho más profundas y afectan a muchas más políticas que cualquier relación con países no europeos.

Von der Leyen, en su discurso sobre el estado de la Unión Europea pronunciado en la sede de Estrasburgo del Parlamento Europeo, dijo que la Unión Europea y Canadá “ven el mundo con los mismos ojos” porque comparten valores democráticos y tienen los mismos enfoques en asuntos de importancia como la crisis climática, la guerra en Ucrania (Canadá integra la OTAN y ayuda a Kiev como los europeos) o la inteligencia artificial.

Von der Leyen sostuvo que es tiempo de avanzar desde una cooperación centrada en el comercio hacia una “alianza por el futuro” más amplia, y “llevar la relación con Canadá al nivel más alto posible”.

“Trabajaremos en la manufactura inteligente. Crearemos una alianza tecnológica. Integraremos las bases de la industria de defensa. Haremos del Ártico un proyecto insignia conjunto”, declaró. “Esta alianza no está dirigida en contra de nadie, sino hacia nuestra fortaleza común”, dijo.

El problema es que se podría decir lo mismo (con la excepción del apoyo militar a Kiev) de cualquier democracia que haya firmado un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, y son más de 30. Argentina entre ellas. Fuentes diplomáticas europeas aseguran que el anuncio de la presidenta “no quiere decir nada per se” y que lo hizo para intentar adelantarse a cualquier anuncio que Carney pueda hacer hoy jueves, cuando habla ante los eurodiputados.

Carney sostuvo el lunes en una entrevista a The Wall Street Journal que su intención era aumentar la relación con la Unión Europea para reducir su enorme dependencia comercial de Estados Unidos. Trump ataca continuamente a Canadá con aranceles y ha llegado a decir que el país se convertirá en territorio estadounidense.

Von der Leyen dijo en su discurso que la relación actual con Canadá (centrada en un acuerdo de libre comercio) se actualizará para crear “un espacio común de prosperidad y seguridad económica” y que las partes negociarán alianzas en tecnología, en integrar las industrias de defensa y en proyectos en el Ártico. Europa mira a Canadá pensando sobre todo en recursos energéticos y minerales.

Nadie tiene idea en Bruselas de los detalles del plan de Von der Leyen, si es que hubiera detalles y no un anuncio vago a desarrollar. Más allá de que no es la Comisión Europea quien dirige la política exterior del bloque, recuerdan que el estatus que tienen países como Noruega, Islandia o Suiza es tan profundo que deben adoptar a sus legislaciones buena parte de la normativa europea y ayudar a financiar proyectos que pueden beneficiar a sus empresas.

La salida del Reino Unido sirvió para entender que el bloque no iba a hacer excepciones. Cuando Londres quiso elegir una de las cuatro “libertades” del mercado único europeo (movimiento de mercancías, de servicios, de personas y de capital) la UE rechazó de plano la idea y los británicos quedaron fuera de ese espacio.

El acuerdo comercial entre la UE y Canadá, que está a punto de cumplir 10 años, todavía se aplica de forma provisional porque 10 países del bloque, entre ellos Francia e Italia, no lo han ratificado.w

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