Hugh Jackman reinterpreta a Robin Hood como un criminal envejecido que busca redimirse
“La muerte de Robin Hood”, dirigida por Michael Sarnoski, se aleja de la imagen clásica del héroe medieval para contar los últimos días de un hombre perseguido por la culpa y la violencia de su pasado.

La nueva versión cinematográfica de Robin Hood propone una ruptura radical con la imagen tradicional del personaje. En “La muerte de Robin Hood”, Hugh Jackman interpreta a un antiguo forajido que ya no representa al héroe romántico que robaba a los ricos para ayudar a los pobres, sino a un hombre envejecido, herido y perseguido por los recuerdos de las atrocidades cometidas durante su vida.
La película, dirigida por Michael Sarnoski, toma elementos de la leyenda inglesa y de antiguas baladas sobre Robin Hood para construir una historia centrada en la decadencia física y moral de su protagonista. A diferencia de otras adaptaciones, el relato no pone el foco en un romance ni en las aventuras del bosque de Sherwood, sino en la posibilidad de que un criminal encuentre algún tipo de redención antes de morir.
El personaje interpretado por Jackman vive exiliado en una región fría y aislada, lejos de la imagen glorificada que construyó la tradición popular. Incluso cuestiona frente a otros personajes la idea de que Robin Hood haya sido alguna vez un héroe romántico y sostiene que esa versión pertenece más al mito que a la realidad.
La historia comienza a avanzar después de una brutal pelea. Robin termina gravemente herido en una isla remota, donde encuentra refugio en un priorato. Allí, la Hermana Brigid, interpretada por Jodie Comer, se ocupa de curarlo mientras también cuida a Margaret, la hija del Pequeño Juan, interpretado por Bill Skarsgård. En ese entorno también aparece un hombre afectado por la lepra, interpretado por Murray Bartlett.
La película presenta algunos puntos de contacto con otros trabajos vinculados con Jackman. El más evidente es “Logan”, donde el actor también interpretaba a un héroe envejecido y golpeado que debía proteger a una niña. También existen semejanzas narrativas con “Pig”, la película de Nicolas Cage dirigida por Sarnoski, especialmente por un giro que modifica la percepción inicial del relato.
El director, que también estuvo detrás de “Un lugar en silencio: Día uno”, construye una película violenta y física, en la que la tensión surge tanto de los enfrentamientos como de la incertidumbre sobre el destino del protagonista.
Jackman concentra buena parte del peso de la película. Su interpretación transforma a Robin en un personaje marcado por la culpa, que ya no busca gloria sino una salida posible de las consecuencias de sus actos.
La película también utiliza el lenguaje visual para acompañar esa transformación. Sarnoski pasa de un formato panorámico, asociado a las escenas épicas, a un encuadre más cerrado cuando el protagonista atraviesa su deterioro moral.
El resultado es una revisión oscura de un personaje conocido, convertida en una historia sobre violencia, arrepentimiento y la posibilidad, siempre incierta, de redención.
