La morosidad de tarjetas y préstamos frenó su escalada después de un año y medio de aumentos
El atraso en los pagos dejó de crecer en junio gracias a una expansión del crédito y a refinanciaciones. Los bancos observan una estabilización luego del fuerte deterioro registrado desde 2024.

El nivel de incumplimiento en el pago de tarjetas de crédito y préstamos personales mostró una mejora durante junio y logró interrumpir una tendencia alcista que se había extendido durante aproximadamente un año y medio.
La desaceleración de la morosidad estuvo vinculada principalmente a dos factores: el crecimiento del volumen total de créditos otorgados por las entidades financieras y las distintas alternativas de refinanciación ofrecidas a los clientes con dificultades para cumplir sus obligaciones.
Durante los últimos meses, el aumento de la inflación y la caída del poder adquisitivo habían provocado un fuerte deterioro en la capacidad de pago de muchos hogares. Las familias recurrieron al financiamiento para sostener el consumo, generando una mayor presión sobre los ingresos mensuales.
El cambio registrado en junio representa una señal de estabilización para el sistema financiero, aunque los especialistas advierten que todavía existen niveles elevados de endeudamiento en determinados sectores de la población.
Los bancos comenzaron a observar una mejora en algunos indicadores relacionados con la capacidad de pago, aunque mantienen una postura prudente frente a la evolución del empleo y los ingresos reales.
El crecimiento del crédito fue uno de los elementos que contribuyó a moderar la situación. La mayor disponibilidad de financiamiento permitió a algunos consumidores reorganizar sus obligaciones y evitar atrasos mayores.
Para el mercado financiero, la evolución de la morosidad será un indicador clave durante los próximos meses. Una recuperación sostenida dependerá de que los salarios mejoren y de que la actividad económica logre recuperar dinamismo.
El dato de junio marca un alivio después de varios meses de deterioro, pero también refleja los efectos acumulados de una etapa de fuerte ajuste económico sobre las finanzas personales de los argentinos.
