Bangladesh también lloró por Messi: una pasión argentina que cruzó 17.000 kilómetros

La comunidad bangladesí que vive en Buenos Aires acompañó a la Selección hasta el final de la Copa del Mundo. Para ellos, el vínculo con Messi y la camiseta albiceleste supera al fútbol.

La derrota de Argentina en la final del Mundial no solo dejó tristeza entre los hinchas locales. A miles de kilómetros de distancia, y también en Buenos Aires, una comunidad entera vivió la caída con la misma emoción: los fanáticos bangladesíes que adoptaron a Lionel Messi y a la Selección argentina como una bandera propia.

En el fan fest de Palermo, decenas de integrantes de la comunidad bangla siguieron el partido hasta el último minuto. Con camisetas albicelestes, banderas y canciones, acompañaron el sueño mundialista y terminaron abrazados tras la consagración de España.

“El amor de Bangladesh por Argentina va mucho más allá del fútbol”, explicó Ashik, un joven de 32 años que viajó desde Daca hasta Buenos Aires para vivir la pasión argentina durante el Mundial. Para él, Messi representa una conexión emocional difícil de explicar: “Lo apoyamos con lealtad y de forma inquebrantable”.

La comunidad bangladesí en Argentina está integrada por unas 300 personas, muchas de ellas instaladas en el país durante la última década. Buena parte reside en el barrio de Once, donde desarrollan actividades comerciales y mantienen sus vínculos culturales.

La relación entre Bangladesh y Argentina tiene una historia que comenzó mucho antes de Messi. El primer gran ídolo argentino en ese país fue Diego Maradona, especialmente después del Mundial de México 1986. Desde entonces, varias generaciones adoptaron la camiseta albiceleste como propia.

Ese vínculo también está atravesado por una historia compartida de conflictos con el Reino Unido: mientras Argentina mantiene la disputa por las Malvinas, Bangladesh recuerda su pasado de dominación colonial británica.

Durante la final, los hinchas bangladesíes sufrieron cada momento del partido. La expulsión de Enzo Fernández aumentó la tensión y, tras el gol español en el suplementario, llegó la resignación. Ashik y Hasan terminaron abrazados y llorando.

No hubo festejo ni revancha. Solo quedó el sentimiento de una comunidad que, aunque nació a miles de kilómetros, volvió a demostrar que la pasión por Messi y la Argentina no reconoce fronteras.

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